La República de los Niños, el Parque Castelli y la localidad de Los Hornos comparten un hilo invisible que los une: en los tres puntos de la ciudad persiste un homenaje al Primer Teniente Juan Arrarás, uno de los "halcones" que llevó el coraje argentino a los cielos de Malvinas.
De las calles platenses al cielo del atlántico sur
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| Juan Arrarás junto a su avión A-4B Skyhawk |
Con solo 17 años, en febrero de 1975, partió hacia Córdoba para ingresar a la Fuerza Aérea Argentina. Su tenacidad lo llevó a ser uno de los 120 seleccionados entre 1500 aspirantes, y tres años más tarde, formó parte del selecto grupo de 45 egresados de la Escuela de Aviación Militar. Tras especializarse en aviones a reacción en Mendoza, el destino lo encontró en abril de 1982 con apenas 24 años y con el grado de Teniente en el Grupo V de Caza, con base en San Luis.
Allí, Arrarás se preparaba para la guerra a bordo de los Douglas A4-B Skyhawk. Eran máquinas nobles pero veteranas. Fabricadas en los años 50 y adquiridas en 1965 luego de ser refaccionadas por el gobierno de EEUU para su reventa. En esas cabinas de tecnología superada, pero cargadas de voluntad, los pilotos argentinos se dispondrían a enfrentar ala tercera flota más poderosa del mundo.
Vuelo rasante rumbo al Sur
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| (2) Tn. Juan Arrarás en su avión A-4B Skyhawk |
Tras el fracaso de las negociaciones de paz, el 11 de abril la V Brigada Aérea inició su despliegue hacia la Base de Río Gallegos, en Santa Cruz. El Teniente Juan Arrarás integró el 2° Escuadrón, que arribó a la Patagonia el 2 de mayo bajo el mando del Vicecomodoro Ernesto Dubourg.
Tal como lo documentó el Informe Rattenbach (1), la Fuerza Aérea Argentina poseía un entrenamiento de excelencia para objetivos terrestres, pero carecía de experiencia en combate naval. Para suplir esta brecha, el Capitán de Navío Jorge Troitiño brindó indicaciones técnicas que sellarían el destino de los pilotos: frente a las modernas fragatas y destructores británicos, la única opción de supervivencia era la audacia extrema.
Según Troitiño, en una oleada de 16 aviones, estadísticamente solo dos tendrían posibilidades de alcanzar el blanco. La táctica era brutal: aproximaciones a menos de 10 metros sobre el nivel del mar, a máxima velocidad y en absoluto silencio de radio. En pocas palabras, volar a 1000 km/h rozando las olas, sin comunicaciones y un radar intermitente.
Bautismo de fuego: El ataque al HMS Glasgow
Instalado en Río Gallegos, Juan mantenía la costumbre de llamar a su familia diariamente para llevar tranquilidad, omitiendo los detalles del peligro que enfrentaba. Durante el conflicto, participaría en cerca de 20 misiones, pero ninguna como la del 12 de mayo.
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| Ataque al HMS Glasgow Guerra de Malvinas - 1982 |
Aquel día, el moderno destructor HMS Glasgow y la fragata HMS Brilliant —joyas de la tecnología naval británica— bombardeaban Puerto Argentino. El Grupo 5 de Caza fue convocado de urgencia para formar las escuadrillas “Cuña” y “Oro”. Arrarás abordó su A4-B, matrícula C-244, con un objetivo claro.
La primera escuadrilla, liderada por el Primer Teniente Manuel Bustos, atacó desde el sur contando con el factor sorpresa. Sin embargo, el precio fue altísimo: de los cuatro aviones, tres fueron derribados por los sistemas de defensa. Solo el Alférez Vázquez logró sobrevivir; sus compañeros, los Tenientes Mario Nívoli y Jorge Ibarlucea, cayeron en combate.
Minutos después, la escuadrilla "Oro" —integrada por el Capitán Antonio Zelaya, los Tenientes Arrarás y Fausto Gavazzi, y el Alférez Guillermo Dellepiane— se lanzó sobre los buques. Arrarás, junto a Zelaya y Gavazzi, enfocaron su fuego contra el HMS Glasgow. El ataque fue certero: el destructor sufrió averías de tal magnitud que el Almirante británico John Woodward decidió, desde ese momento, retirar sus buques de las acciones navales diurnas cerca de la costa.
El regreso fue agridulce. En medio de la tensión del vuelo de vuelta, el Teniente Gavazzi fue derribado por fuego amigo y falleció en el acto. De los ocho "halcones" que partieron aquella mañana, solo cuatro regresaron a la base. Juan Arrarás estaba entre ellos, con el bautismo de sangre grabado en la retina.
El día más negro de la flota británica: El sacrificio final.
Con el avance del conflicto, cada misión se volvía más peligrosa que la anterior. Los "Halcones" ya no solo enfrentaban a la artillería naval, sino a las patrullas de los aviones Harrier que sobrevolaban el archipiélago para cazar cualquier vuelo rasante. El 8 de junio, en lo que la historia militar británica recordaría como “El día más negro de la Royal Navy”, cuándo los jóvenes pilotos argentinos infligieron los mayores daños de todo el conflicto.
Durante la mañana, se detectó una importante flota en Bahía Agradable, encabezada por los buques de desembarco RFA Sir Tristram y RFA Sir Galahad. A pesar de las interferencias electrónicas y las fallas técnicas que obligaron a varias unidades a regresar, una primera oleada de cinco aviones logró lo impensable: hundir ambos buques de desembarco.
Sin conocer el destino de sus compañeros y sabiendo que el factor sorpresa ya se había evaporado, una segunda oleada del Grupo V partió hacia las islas. Entre ellos volaba el Teniente Juan Arrarás. Para evitar los radares, navegaron por encima de los 3500 metros antes de ser reabastecidos en vuelo por un avión cisterna Hércules KC-130. Luego, descendieron a vuelo rasante durante 150km con las olas golpeando el vidrio de la cabina.
Héctor Sánchez, compañero de formación de Arrarás, recordaría con nitidez aquel momento (4):
“Nos encontrábamos volando rasante, yo lo hacía próximo al avión de Juan. Me distraía ver la estela que dejaban en el agua los gases del motor de su avión; eso demostraba lo bajo que estábamos”.
A menos de 10 metros de altura y entre chubascos que reducían la visibilidad, los pilotos cruzaron hacia la Isla Soledad con la mirada puesta en el HMS Fearless, otro buque de desembarco de 12 mil toneladas y capaz de transportar 400 infantes.
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| Monumento al Tn José Arrarás en el Parque Castelli de La Plata |
Fue entonces cuando el cielo se desplomó sobre ellos. Dos aviones Harrier bajaron desde las nubes lanzando sus misiles. El primero impactó de lleno en el Alférez Vázquez. El segundo alcanzó la cola del avión de Arrarás. El joven platense logró eyectarse y su paracaídas se abrió en medio del humo. Sin embargo, los relatos británicos de aquella tarde son desgarradores: el paracaídas de Arrarás se habría incendiado durante el descenso, sellando su destino en las frías aguas del sur.
De los cinco aviones de aquella sección, solo dos regresaron. En su retirada, y en una muestra de tenacidad asombrosa, lograron atacar con éxito la lancha de desembarco Foxtrot 4. A lo largo de 45 días de combate, el Grupo V perdió a 9 de sus 34 pilotos. Volaban sin radares, sin sistemas de defensa y con el combustible tan justo que cualquier maniobra evasiva significaba no tener nafta para volver a casa.
El efecto de esta acción de combate aeronaval tuvo impacto directo en la Batalla de Monte Longdon protagonizada por otro grupo de jóvenes platenses del Regimiento de Infantería N7.
Como bien resumió el piloto Luis “Tucu” Cervera (5):
“No nos quedaba otra que volar a ojo, hasta que uno mismo se decía: No bajo más porque me mato”.
Memoria contra el olvido: El regreso a casa.
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| Aeropuerto José Arrarás República de los Niños |
Tras la firma de la rendición el 14 de junio de 1982, se inició un doloroso proceso de "desmalvinización". Promovido inicialmente por la propia Dictadura para ocultar el fracaso de su conducción, este silencio forzado buscó invisibilizar a los héroes y veteranos, condenándolos a un retorno por la puerta de atrás. Para la familia de Juan Arrarás y para la ciudad de La Plata, comenzó entonces una larga espera por el reconocimiento que la burocracia entregó a cuentagotas.
Los honores oficiales llegaron con la demora. Recién en marzo de 1983 se le concedió la medalla “La Nación Argentina al Muerto en Combate” y su ascenso póstumo a Primer Teniente. Con el paso de las décadas, las leyes nacionales (24.020 y 24.950) terminaron por consagrarlo como lo que siempre fue: un Héroe Nacional. Sin embargo, el homenaje más genuino es el que hoy reside en las calles, plazas y escuelas que Juan recorrió antes de partir hacia el sur.
Homenajes en La Plata a Juan J. Arrarás
| Año | Tributo / Lugar | Detalle |
|---|---|---|
| 2004 | Ciudadano Ilustre | Declarado por el Concejo Deliberante de La Plata (Post Mortem). |
| 2004 | Avenida 167 | Se bautizó con su nombre el tramo de 60 a 66 en Los Hornos. |
| 2018 | Monumento Parque Castelli | Ubicado en 25 y 66, frente al Seminario Mayor San José. |
| 2021 | República de los Niños | El aeropuerto y el histórico Boeing 737 llevan su nombre (Ord. 12208). |
Tras el estallido del conflicto de Malvinas, cerca de 23 mil argentinos se movilizaron hacia el sur con la misión de defender la soberanía territorial. Entre todos aquellos soldados, se encontraba el histórico Regimiento de Infantería N° 7 "Coronel Conde". Jóvenes que, sin saberlo, se convertirían en los protagonistas de los combates más crueles y finales de la guerra.
Durante la madrugada del 2 de abril de 1982, la Dictadura Militar Argentina ejecutó la "Operación Rosario" para recuperar el control de las Islas Malvinas. Según documentan los informes del General Rattenbach, el Vicealmirante Lombardo y el Brigadier Lami Dozo (1), el objetivo inicial era tomar posesión del territorio para luego ceder el control a la ONU y forzar una negociación de soberanía con el Reino Unido. Sin embargo, el plan original se desmoronó frente a la realidad política: el gobierno de Margaret Thatcher estaba decidido a retomar las islas por la fuerza, mientras que, del otro lado, un Leopoldo Galtieri embriagado por la repentina popularidad del desembarco, decidió sostener la ocupación de manera improvisada.
Sin un plan de defensa sólido ni los recursos necesarios para un conflicto de alta intensidad, el destino de miles de jóvenes argentinos comenzaba a sellarse en el frío del Atlántico Sur.
El Adios a 19 y 51
Aún sin un rumbo político claro, el 7 de abril se conformó el "Teatro de Operaciones del Atlántico Sur" (TOAS). Bajo el mando del Vicealmirante Juan José Lombardo, se inició la tarea de planificar una defensa para la que casi nadie estaba preparado. En La Plata, el Regimiento de Infantería 7 comenzó un alistamiento febril.
El joven Miguel Savage, de apenas 19 años, recordaría tiempo después que, al cruzar el gran portón de 19 y 51, un oficial lo recibió con una frase que sellaba el destino (2):
“¿A ustedes también los llamaron? Se nota que viene en serio la cosa”.
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| Conscriptos del RI7 parten rumbo a Malvinas |
En apenas una semana se organizaron las compañías y se brindó un adiestramiento veloz mientras se acumulaban recursos, todo bajo una atmósfera de incertidumbre absoluta. Durante el último fin de semana, se permitió el ingreso de los familiares; un encuentro marcado por la angustia y los abrazos que sabían a despedida.
El 11 de abril las negociaciones por una salida pacífica fracasaron definitivamente. Dos días más tarde, el martes 13 de abril, el Regimiento 7 “Coronel Conde” abrió sus puertas para marchar hacia el sur. Mientras el equipamiento pesado se movía en camiones Unimog, los soldados iniciaban su camino hacia la guerra a bordo de los micros de la línea 508. Tras pasar por la base aérea de El Palomar y volar hacia Río Gallegos, el 15 de abril finalmente pisaron el suelo de las Islas Malvinas.
La improvisación era la norma. El General de Brigada Oscar Luis Jofré, a cargo de la X° Brigada, había recibido la orden de despliegue con solo cuatro días de anticipación. Por su parte, el Jefe del Regimiento, el Teniente Coronel Omar Giménez, apenas llevaba tres meses al mando de la unidad. El destino de los soldados estaba en manos de una estructura que corría contra reloj.
Héroes entre el Frío y el Abandono
El traslado del Regimiento 7 a Puerto Argentino se completó entre los días 14 y 17 de abril. Desde el aeropuerto, las tropas marcharon 15 kilómetros a pie hasta las inmediaciones del "Arroyo Caprichoso", donde se estableció el denominado "Sector Plata". En un área de aproximadamente 11 por 3 kilómetros, el epicentro de la defensa era el Monte Longdon: una loma de 186 metros de altura y 1600 metros de extensión. El territorio se subdividió en los sectores La Plata 1, 2 y 3, espacios donde pronto se manifestarían las luces y sombras del liderazgo militar.
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| Monte Lomgdon en invierno |
Al ser una guerra improvisada, la defensa heredó las mismas carencias. Estas condiciones críticas fueron reconocidas incluso por el General Jofré en su libro "La defensa de Puerto Argentino", donde detalló que la unidad más castigada logísticamente fue el Regimiento 7. Especialmente la Compañía "B", apostada en la ladera oeste de Monte Longdon, debió resistir temperaturas bajo cero y vientos que superaban los 100 kilómetros por hora con un equipamiento insuficiente. Jofré admitió que la logística se había planificado para una guarnición de 5000 efectivos, pero en las islas terminaron desembarcando más de 11 000 hombres.
La falta de alimentos y abrigo comenzó a cobrarse vidas antes que las balas británicas. El 8 de junio, los conscriptos Carlos Alberto Hornos, Pedro Vojkovic, Alejandro Vargas y Manuel Zelarayán, de la Compañía "A", fueron designados para recolectar insumos en la abandonada Granja Murrell. Sin un mapa preciso de las defensas de su propio sector, los jóvenes terminaron siendo víctimas de un campo minado argentino.
A las penurias climáticas se sumó el factor humano. Mientras que el Jefe del Regimiento, el Teniente Coronel Omar Giménez, es recordado con respeto por haber compartido las inclemencias con sus hombres para fortalecer la cohesión de la tropa, en el otro extremo se sitúan denuncias de extrema crueldad. El Mayor Carlos Carrizo Salvadores, segundo al mando y responsable del Sector 3, ha sido señalado por torturas contra sus propios subordinados. Actualmente, existen registros de más de cien denuncias por estaqueamientos y maltratos ocurridos durante el conflicto, siendo Carrizo Salvadores uno de los nombres que figuran en esos expedientes de la Corte Suprema de Justicia.
La noche del "7 Bravo": El infierno en Longdon
Las defensas argentinas se habían organizado mirando principalmente hacia el norte de Puerto Argentino, donde se esperaba el desembarco principal. Sin embargo, el 21 de mayo los británicos consolidaron su posición en San Carlos, al oeste de Monte Longdon, obligando a un giro drástico en los planes. A pesar de la sorpresa estratégica, fue en este escenario donde el Regimiento se ganaría para siempre el apodo de "El 7 Bravo".
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| Pintura en honor a los caídos RI7 Centro Cultural Malvinas Argentias |
Desde el 8 de junio, el asedio a las colinas que rodeaban la capital se volvió asfixiante. Los soldados convivían con un bombardeo incesante de artillería, morteros, fragatas y aviación, diseñado para quebrar la voluntad de combate. Entre el 1º y el 20 de mayo, las posiciones habían soportado 104 alertas rojas aéreas y 25 ataques navales. Frente a este despliegue, el Regimiento solo disponía de un puñado de piezas de artillería de 105mm y un radar que apenas se encendía por breves lapsos para evitar ser rastreado y destruido por los misiles británicos.
La noche definitiva fue la del 11 de junio. El 3° Batallón de Paracaidistas británico inició el asalto sobre el Monte Longdon. Eran militares profesionales que promediaban los 25 años y duplicaban en número a los defensores argentinos.
La brecha tecnológica era abismal; el Comandante Omar Giménez relataría años después:
“A siete días de la batalla final me llegaron solamente siete visores; ellos, los ingleses, tenían para todos”.
El plan británico buscaba el sigilo total, pero la suerte y el suelo malvinense dictaron otra historia. El cabo británico Peter Cuxson recordaría luego que, aunque identificaron 1500 minas en la ladera tras el combate, solo dos explotaron porque el resto estaban congeladas. La misma desgracia ocurría con los fusiles y las ametralladoras argentinas, cuyos mecanismos no eran aptas para aquel frío extremo.
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| Recuerdo de los Veteranos Caídos Centro Cultural Islas Malvinas |
A las 21:30, con las comunicaciones colapsadas, el Subteniente Juan Domingo Baldini, Jefe de la 1ra Sección, informó que el enemigo había alcanzado su posición. En medio de un combate brutal y tras batirse en retirada, Baldini protagonizó una maniobra de heroísmo final: intentó regresar al fuego para salvar al Cabo Ríos, pero cayó mortalmente herido en el intento.
La batalla por Monte Longdon duró más de diez horas y es recordada como la más cruenta y feroz de todo el conflicto, llegando incluso al combate cuerpo a cuerpo con bayonetas. Al finalizar el asalto y los posteriores enfrentamientos en el Cerro Wireless, el saldo para el Regimiento 7 fue devastador: 36 fallecidos y 153 heridos de distintos rangos. Por ser la unidad con mayor cantidad de bajas y por la tenacidad demostrada en el cerco final, la historia los bautizó definitivamente como el "7° Bravo".
El escritor y paracaidista británico Vincent Bramley narra en su libro "Los Dos Lados del Infierno" cómo la Batalla de Monte Longdon fue la más complicada para el Regimiento de Paraidistas. También recuerda el fuerte impacto lógistico que causó el ataque aeronaval de Bahía Agradable, donde uno de los protagonistas fue el piloto platense Juan José Arrarás.
La Bandera que no se rindió como Trofeo
Siendo el Regimiento 7 una de las últimas unidades en acatar la orden de rendición, el Teniente Coronel Omar Giménez propuso a sus oficiales enterrar la Bandera Nacional para evitar que cayera en manos enemigas. Sin embargo, los jóvenes tenientes Jorge Guidobono y Miguel Cargnel se opusieron: la bandera no merecía el entierro ni la entrega. Su plan fue audaz: desarmar el estandarte y camuflar sus partes entre las pertenencias personales. Así se distribuyeron el paño, la corbata, cinco distinciones y tres medallas. Del corazón de la insignia, el paño, se encargó Guidobono.
Mientras la mayoría de los soldados eran trasladados al buque HMS Canberra para regresar al continente, Cargnel y Guidobono fueron separados y retenidos como prisioneros durante quince días. Durante todo ese tiempo, Guidobono mantuvo la bandera envuelta alrededor de su torso, disimulándola como una prenda de abrigo más, logrando superar los cacheos iniciales.
La tensión estalló al momento de embarcar hacia Argentina. Los guardias británicos detectaron el bulto extraño y, al descubrir la bandera, ordenaron su entrega inmediata. Ante la resistencia feroz de Guidobono y las amenazas de fusilamiento por parte de los custodios, intervino un oficial británico de alto rango. En un gesto de respeto militar inusual, el mando británico reconoció el valor de la unidad y el coraje de los oficiales por proteger su insignia, permitiendo que la bandera regresara con sus hombres en lugar de ser tomada como trofeo de guerra.
Hoy, aquel estandarte del "7 Bravo" se conserva con honor en la sala histórica del cuartel en la localidad de Arana. Cada 11 de junio, la bandera veterana de Malvinas vuelve a desfilar ante los nuevos soldados, recordándoles el sacrificio y la lealtad de aquellos que combatieron en las sombras de Monte Longdon.
(2) Libro “Malvinas” del soldado conscripto Miguel Savaje. Editorial El Ateneo. Año 2022.
(3) Tesis de Grado “Liderazgo militar en la Guerra de Malvinas” el Mayor Alejandro Ángel Soldaini. Instituto de Enseñanza Superior del Ejército. Año 2012.
(4) Entrevista al Coronel Omar Jiménez realizada por ellitoral.com en el año 2017.
(5) Crónicas publicadas por el Instituto de de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata.
(6) Libro: "Los Dos Lados del Infierno" de Vincent Bramley. Editorial Año 1994.
El 2 de Abril de 1982 el país cambió para siempre. En el marco de la última dictadura militar se dio comienzo la Operación Rosario y la Guerra de las Islas Malvinas. Miles de conscriptos, soldados, suboficiales y oficiales se movilizaron al congelado sur. Muchos de ellos oriundos de La Plata, Berisso, Ensenada, Magdalena y Punta Indio.
Hacía fines de 1981 la Argentina se encontraba sumergida en una crisis social, política y económica. El retorno de la democracia golpeaba las puertas de la Casa Rosada, pero el sector más duro de las FFAA, representadas en la figura de Leopoldo Galtieri se resistían. Luego del Golpe Interno contra el General Roberto Viola, la nueva Junta Militar creyó que tomando la Gran Causa Nacional podrían retener el ansiado Poder (Informe Rattenbach). Para poner en marcha este plan se ordenó la movilización de 23 mil los argentinos que realmente creían en la causa y que dejarían por defender las Islas. Muchos de estos jóvenes (conscriptos, voluntarios y de carrera) eran oriundos de nuestras ciudades rioplatenses.
El Ejército en Malvinas
En la icónica Plaza Malvinas Argentinas funcionaba el Regimiento de Infantería Mecanizada N°7 “Coronel Conde”, creado en 1810 por el revolucionario Juan José Castelli. En su pasado habían combatido en las guerras por la independencia. En aquellos primeros días de abril partieron unos 820 soldados, de los cuales 36 fallecieron y 180 volvieron con heridas de gravedad.
También partieron unidades desde el Comando de la X° Brigada de Infantería Mecanizada, el cuál se encontraba en el Diagonal 80 esquina 116, y del Distrito Militar de calle 10 y 62.
Los tres cuerpos platenses partieron hacía las Islas Malvinas durante la primer quincena de abril y se emplazaron en la periferia de Puerto Argentino. Juntos combatieron en algunos de los principales y más crueles choques armados como Monte Longdon, Monte Tumbledown, Wireless Ridge y Puerto Argentino.
Luego de la Guerra el Regimiento N° 7 se trasladó a la localidad de Arana, devolviendo el predio a la Municipalidad para que se recuperara el espacio verde perdido a principios del siglo XX. Solo quedó en pie el edificio del Casino de Oficiales, el histórico portón y un Túnel Secreto reabierto el 9 de julio de 2016.
A lo largo de toda la plaza existen referencias, monumentos y placas vinculadas al a extensa historia de la unidad. Dentro del Centro Cultural se colocó el mural "Las Tejedoras" en tributo a las mujeres que elaboraron abrigos para los combatientes. Frente al edificio se encuentra una fuente con una Paloma Herida y tres enormes columnas con las leyendas "Memoria, Justicia y Soberanía". Además el Centro está rodeado por "El Bosque de los Caídos" compuesto por 36 placas en recuerdo a los soldados que no volvieron.
Por su parte, la X° Brigada de Infantería Mecanizada se trasladó a la provincia de La Pampa. Posteriormente la Universidad Nacional de La Plata, el Conicet y agrupaciones de ex-combatientes (CECIM) fundaron el “Instituto Malvinas", una unidad académica dedicada a investigaciones y desarrollo en políticas de soberanía. El Distrito Militar también fue reubicado y las instalaciones volvieron a tener el rol educativo original bajo la órbita de la Facultad de Trabajo Social (UNLP).
La Armada en Malvinas
Creado el 15 de julio de 1940, el Batallón de Infantería de Marina N°3 se encontraba emplazado en la avenida 122 y 51. Desde aquí partieron rumbo a Tierra del Fuego unos 300 soldados de las compañías CAL, GOLF, H y Servicios. Posteriormente la Compañía “H” se trasladó a las Malvinas, en el sector de la península Camber y la Isla Borbón; en el perímetro de Puerto Argentino. Desde allí combatieron contra las SAS Británicas (Servicio Aéreo Especial) mientras lidiaban constante bombardeo de los destructores adversarios.
En 1999 la Armada trasladó la Unidad a Zárate y abandonó el edificio. Luego de varios años sin tener un destino claro, los terrenos fueron entregados a la Universidad Nacional de La Plata. Desde el año 2014 funcionan tres facultades, un centro deportivo y la Casa de la Memoria. También se encuentra habilitado un helipuerto y se proyecta el Museo de la Memoria de la Municipalidad de Ensenada.
En el Partido de Punta Indio aun funciona la 1.ª Escuadrilla Aeronaval de Ataque, quienes se sumaron a la guerra con el envío de 10 aviones Aermacchi MB-339 (MC-33) y siete Aermacchi MB-326 (MC-32). Para el momento eran aeronaves antiguas, casi sin aplicación, pero aún así se desempeñaron en tareas de espionaje, vigilancia y apoyo cercano. Especialmente participaron en los vitales combates de Pradera del Ganso y contra el Desembarco de San Carlos.
Al conjunto anteriormente mencionado también se sumaron otros vecinos platenses, berissenses y ensenadenses que estaban a bordo de Unidades Navales que no tenían asiento en esta región:
➣ En el Crucero ARA General Belgrano tenía 1069 tripulantes. Al ser atacada y hundido fallecieron 323 tripulantes, de los cuales Tres eran de nuestras ciudades.➣ El Teniente Juan José Arrarás fue platense que se sumó a la Fuerza Aérea. Al momento de iniciar la guerra, el oficial estaba en la V Brigada Aérea con asiento en la Provincia de San Luis. Falleció el 8 de junio durante el ataque de Bahía Agradable. Un inmenso mural-monumento se colocó en su memoria en el Parque Castelli, el barrió dónde nació y creció.




























