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El Mito del Monumento a San Martín

Visita La Plata | 3:17 |

En 1914 se inauguró la emblemática estatua del General San Martín en el corazón de la plaza de 7 y 51. Desde entonces, una leyenda urbana asegura que, por un error de traslado, la figura que vemos es en realidad la del prócer chileno Bernardo O’Higgins. Aunque este mito es falso, existe otra historia —mucho más fascinante y real— sobre el origen de esta escultura.

En sus inicios, el espacio verde de 7 y 51 fue conocido como “Plaza Legislatura” por la presencia del Palacio Legislativo. A fines del siglo XIX fue rebautizado como “Plaza Primera Junta” y llegó a tener un gran monumento dedicado a los revolucionarios de mayo. Pero esta obra mala fama por la presunta falta de estética, recortes presupuestarios que arruinaron el diseño y supuestos actos de corrupción.

Frente a todas críticas de la opinión pública, en 1913 se promulgó la Ley Provincial 3469, que dispuso rebautizar el espacio como "Plaza General San Martín" y reemplazar el cuestionado monumento. Un año más tarde, con un acto encabezado por el Presidente de la Nación Victorino de la Plaza, se descubrió el monumento al Padre de la Patria. No pasó mucho tiempo hasta que comenzó a circular un rumor malicioso: se decía que el rostro de la figura no era el de San Martín, sino el de Bernardo O'Higgins. Curiosamente este mismo mito se repite en Mendoza, Rosario, Jujuy y hasta en Santiago de Chile.

Desenmascarando el Mito de San Martín

Para entender la verdad detrás de la leyenda, debemos remontarnos a 1907. En aquel año, un joven argentino llamado Tomás B. Viera recorría las calles de Boulogne-sur-Mer (Francia) buscando la casa donde el Libertador había exhalado su último aliento. Su decepción fue inmensa al descubrir que en el lugar no existía siquiera una placa que lo recordara. Esta "injusticia" motivó a Viera y al Dr. Enrique Crotto a impulsar un homenaje en tierras francesas, donde San Martín era, por entonces, un ilustre desconocido.

En paralelo, el Senador Nacional Joaquín V. González presentó en 1908 un proyecto para erigir monumentos por el Centenario de la Revolución de Mayo. El Gobierno Nacional encargó la obra al prestigioso escultor francés Henri Émile Allouard. Cuenta la historia que, en un primer momento, el artista se negó al encargo: pensaba que José de San Martín era un santo católico.

Sin embargo, tras investigar las hazañas del Libertador, Allouard cambió de parecer y sentenció:

“Sí, bien merece que se haga por él un sacrificio. Este capitán que fue el sacrificio hecho hombre”.
(El centenario del monumento al General San Martin en Boulogne-Sur-Mer / Diego Soria)


Un Rostro Esculpido desde la Investigación.

Para esta obra —que aún hoy se luce frente al canal de la Mancha—, el artista debió fabricar un molde específico partiendo desde cero. El gran desafío fue que prácticamente no existían retratos de San Martín durante su vida militar; no se conocía con exactitud su aspecto real cuando lideró el Ejército de los Andes.

En consecuencia, Allouard realizó una minuciosa reconstrucción basada en escasos testimonios y en los daguerrotipos de su vejez (tal como sucede con casi todas las pinturas que recrean su fisonomía). Prácticamente tuvo que realizar un trabajo de forense e historiador para alcanzar la máxima fidelidad posible.

El acto inaugural en la costa francesa fue un despliegue sin precedentes. El gobierno argentino envió una flota de la Armada encabezada por la Fragata Sarmiento, escoltada por las cañoneras Paraná y Rosario. A bordo del buque La Pampa, arribó incluso un escuadrón de 150 Granaderos a Caballo al mando del capitán Tesandro Santa Ana. Aquel día, ante la mirada de 10.000 personas, San Martín finalmente conquistó el reconocimiento de Francia.

Finalmente el primer monumento ecuestre del General San Martín se inauguró en 1909 en Boulogne-Sur-Mer. Unos años más tarde se encargó una réplica exacta que fue destinada a la Ciudad de La Plata.

   

El Monumento a San Martín de 7 y 52

Con diferencias mínimas, tanto en La Plata como en Francia, nos encontramos con un pedestal de granito rodeado de un jardín. Sobre él se eleva la estatua ecuestre del Libertador, realizada en bronce, capturado en el gesto de elevar la bandera nacional. A sus pies, una segunda figura femenina representa a “La República Reconocida”, quien le ofrece una corona de laureles. 

Del lado opuesto, el conjunto escultórico muestra los trofeos de la campaña independentista: una bandera, un cañón, un clarín, un tambor y fusiles. Lamentablemente, a diferencia de la original francesa, la réplica platense ya no posee en los laterales del pedestal los dos bajorrelieves titulados “El cruce de los Andes” y “San Martín rechaza el poder”. 

Debido a su inmenso valor patrimonial, el monumento platense fue declarado "Bien de Interés Artístico Nacional y Bien de Interés Histórico Nacional" mediante el Decreto 769/2019.

La Estatua Milagrosa

Durante la Segunda Guerra Mundial, en Boulogne-sur-Mer funcionó una base naval clave para las fuerzas de ocupación nazis. Debido a su ubicación —a menos de 200 metros del objetivo militar—, el monumento al General San Martín fue protegido preventivamente con bolsas de arena. Sin embargo, nadie esperaba lo que vendría: la zona sufrió 487 bombardeos aéreos y ataques navales aliados que redujeron a escombros casi todo el barrio circundante.

El punto crítico ocurrió el 17 de septiembre de 1944, cuando se arrojaron 3.232 toneladas de explosivos sobre las defensas alemanas. Al día siguiente, se desataron los combates terrestres de la Operación Wellhit. Tras cinco días de fuego cruzado, 10.000 efectivos del Tercer Reich se rindieron. Al disiparse el humo, la sorpresa fue total: la figura del Libertador de América no había sufrido daño alguno.

Al ser una de las poquísimas estructuras que permaneció en pie en una ciudad devastada, los habitantes de Boulogne-sur-Mer comenzaron a llamar a la obra “La Estatua Milagrosa”.

En el año 2000, impulsadas por este vínculo histórico y cultural indisoluble, las ciudades de La Plata y Boulogne-sur-Mer se declararon oficialmente como “ciudades hermanas”. Así que la próxima vez que pases por 7 y 51, recordá que no estás ante un "error" de aduana. Estás frente a la gemela de una sobreviviente: una escultura que resistió 487 bombardeos para recordarnos que, así como el mármol y el bronce, el legado de San Martín es inquebrantable.


https://www.visitalaplata.com.ar/2019/12/ayudanos-crecer.html

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