Leyendas del Palo Borracho: El guardián de las selvas y diagonales
Extravagante, hermoso y profundamente emblemático. Así es la Ceiba Speciosa, conocida cariñosamente como Palo Borracho. Un árbol que decora la ciudad de La Plata con una hinchada y espinosa silueta imposible de ignorar. Además sus enormes flores magenta son la inspiración de dos leyendas americanas.
Desde el Paseo del Bosque hasta los Parques Vucetich y Alberti, sus ejemplares se alzan como centinelas de vientre abultado y corteza verde esmeralda. En su mayoría, estas estructuras naturales se elevan entre los 10 y 25 metros, funcionando como verdaderos depósitos vivientes que guardan grandes cantidades de agua en su base para resistir las sequías.
Belleza Técnica y Natural
Siendo una especie con 3 millones de años existencia, el Palo Borracho es considerado un árbol "moderno" y autóctono del hemisferio sur. Entre el verde de sus ramas brotan flores marmoladas de una belleza impactante, cuyos pétalos magentas se degradan hacia un tono crema al llegar al centro. Este despliegue no es solo estético: su dulce néctar es un imán irresistible para los colibríes y las mariposas monarca, convirtiendo a cada árbol en un pequeño ecosistema vibrante. En forma paralela, sus espinas surgieron para alejar a los depredadores.
Sus ramas horizontales, erizadas con afiladas púas, sostienen hojas compuestas por folíolos que parecen manos abiertas. Al llegar la madurez, el fruto —una vaina leñosa de 20 cm— libera semillas rodeadas de una fibra blanca similar al algodón o la seda, que suele tapizar las veredas platenses como si fuera nieve de otoño.
Un aliado estratégico del paisaje urbano
Más allá de su estética, el Palo Borracho es un árbol óptimo para el entorno urbano por su extrema resiliencia. Al ser una especie de crecimiento rápido y gran resistencia a la contaminación, se adapta perfectamente a la vida entre el cemento. Su capacidad de almacenar agua en el tronco lo vuelve muy eficiente ante los cambios climáticos, y su follaje caduco permite que el sol de invierno llegue a las veredas, mientras que en verano ofrece una sombra fresca y generosa.
Oriundo de las selvas sudamericanas, su origen no solo se explica mediante la biología; el mito también reclama su parte. Dos leyendas nativas narran su surgimiento: una de amor maternal y perdón, y otra de lealtad absoluta.
| Atributo Botánico | Valor Urbano |
|---|---|
| Tronco de Almacenamiento: Su base ensanchada funciona como reserva hídrica. | Resistencia a Sequías: Sobrevive con facilidad en climas variables y falta de riego. |
| Crecimiento Rápido: Alcanza alturas de 20m en pocos años. | Sombra Generosa: Sus ramas horizontales cubren grandes áreas de vereda. |
| Follaje Caduco: Pierde sus hojas durante el otoño y el invierno. | Eficiencia Lumínica: Permite el paso del sol en invierno y refresca en verano. |
| Rico en Néctar: Flores grandes que atraen polinizadores. | Biodiversidad: Fomenta la presencia de colibríes y mariposas en la ciudad. |
Leyenda Qom
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| Cotorras se alimentan del fruto del Palo Borracho |
1°Acto: La Madre Generosa
"El Coptanoón, que había creado aquí abajo todo cuanto la Naturaleza ofrece se detuvo a contemplar a sus hijos – cuyos cuerpos habían animado con chispas de luz – y antes de retirarse a su luminoso hábitat dejó servidores (Noón) que los auxiliaran.
Entre los seres que tenía a su servicio el "Genio", poderoso y justiciero, había animales y plantas. Entre éstos, un árbol tenía el oficio era procurar maternalmente que no faltase alimento a los Quom de las costas del Ipití (río Bermejo).
Este árbol tenía el tronco abultado, como si fuera un vientre grávido; y de sus entrañas dicen que salía el germen de muchas vidas acuáticas, cuyo alimento cotidiano hacía fácil la existencia de los hombres. Cuando disminuía la pesca y ellos encontraban amenazadas de esterilidad las aguas del Ipití; se reunían en torno al árbol ventrudo, a quien comenzaron a llamar “La Madre”, para realizar ceremonias y rituales destinados a peticionar abundancia de peces.
De este modo, “La Madre” parecía escucharlos. Su vientre se iba hinchando más y más, para luego agitar allá adentro sus entrañas. Tras el misterio del abultamiento, la generosa respuesta se traducía en alimento abundante. Si los ruegos habían sido atendidos; las aguas – hasta entonces quietas – empezaban a moverse y a llenarse de peces que la madre gestara pródigamente en su seno.
Este acontecimiento era celebrado durante semanas enteras, con danzas y canciones que ponían acentos de inspiración agradecida en ambas márgenes del Ipití.
Acto 2: La Ingratitud
Un día, pasado el invierno, las tribus habían reñido y las aguas estaban quietas. Los peces se movían en la costa y ya iban quedando unos pocos.
Los quom se acercaron a “La Madre” y entonaron sus peticiones. Durante muchas noches, apenas salía el lucero, las notas angustiosas de un himno suplicaban: "Era, era, era, gait..."
Pero el árbol parecía indiferente ¿es que estaba enojado?
Allá se perdían los ecos, tras el último ramaje: "Era, era, era, gait..."
La angustia iba en aumento. El hambre ya se sentía. ¿Es que “La Madre” estaba enojada?
El caos se hizo presente, y no faltó el ingrato que preparó su arco. Eligió una flecha fibrosa, una flecha de guerra, con el huesito en la punta para que lastime y penetre hondo. Apuntó al vientre de “La Madre” que ya empezaba a abultarse lentamente y disparó.
Acto 3: Castigo y Perdón
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| Espinas del Palo Borracho |
Al traspasar la corteza, también arrancó con el grito temeroso de la tribu. El trueno que rugía era la ira del Noón. Se enlutó el cielo, y a lo lejos, un ruido extraño se sintió venir como amenaza justiciera. Los quom tuvieron mucho miedo. Vieron agitarse las aguas que parecían teñirse en sangre. El río empezó a crecer y a crecer de un modo alarmante; como si persiguiera con su furia a los ingratos.
Estos, corrieron a ocultándose tras los bosques vecinos. Se alejaban intentando huir del castigo.
Cuando el río pareció aplacarse y las aguas volvieron al cauce fueron en busca del árbol herido para pedirle que los perdonase. Lo encontraron con el vientre cubierto de gruesas espinas con las que parecía rechazarlos. Las suplica se repitieron una y otra vez... "Iooo sañoa sañoa sañoa iooo sañoa sañoa sañé e sañoa e sañoa Sañé".
Finalmente “La Madre” debe haberlos perdonado, porque dicen que en el Bermejo siempre hay abundante pesca. Pero eso si, el ruido de la creciente que baja enfurecida todos los años, les recuerda ese episodio dónde las aguas teñidas de rojo de ese río, al que ahora llaman Inaté, les está mostrando el horrible castigo que trae el revelarse contra “La Madre”.
¿Qué ella los perdonó? ¡No cabe duda! La prueba está en que las flores del palo borracho, como algunos dieron en llamarlo después, son cada vez más hermosas.
¿Por qué entonces la coraza de espinas? Dirán algunos que “La Madre” lo perdona todo; pero El Justiciero no perdona que se ultraje a una criatura tan digna de respeto y veneración.
Un hombre arrojó la flecha... y el Genio supo dónde poner las espinas.
Todavía ahora, en las noches de luna llena, cuando la crecida arremete en salirse de madre, los quom cantan en la lejanía de los bosques: "eiooo sañoa, eiooo sañoa, e sañoa e sañoa sañé".
Leyendas argentinas en la voz y en la pluma de Inés García de Márquez, 1957. Compaginación de Victoria Mabel Romero. Museo Histórico Regional Ichoalay, Resistencia, Chaco.
Leyenda de Nativos Chaqueños
Una segunda leyenda, sin origen exacto, circula en el Gran Chaco. Esta busca explicar el extraño color de las flores, su mutación en los tonos con el paso de los días y el acelerado crecimiento que tiene el árbol. Para ello recurre a una historia de amor romántico, lealtad y tragedia.
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| Flores del Palo Borracho |
La joven india, que había rendido las pruebas que se exigían a las mujeres de su tribu llegadas a la pubertad, tenía su elegido en uno de lo miembros de su pueblo. Era un esbelto guerrero que en más de una ocasión había puesto a prueba su coraje.
El amor los fue uniendo hasta que quiso la fatalidad que la tribu se trabara en lucha con otros enemigos. Fue entonces que partió el enamorado con sus compañeros, no sin antes solicitar de los labios de la amada la fidelidad que guardaría durante su ausencia.
Ella le prometió un amor eterno y juró sobre los huesos de sus abuelos que no uniría su cuerpo a otro que no fuera el que había elegido y amado con extraño frenesí. Su espera sería eterna al no recibir noticias de su amado. Se internó en la selva hasta que las sombras la arrojaran hasta el medio de la noche y la muerte le diera el sosiego deseado a su espíritu dolorido.
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| Flores del Palo Borracho |
Una mañana, a la llegada de la primavera, los indios que iban a cazar, la encontraron muerta. La levantaron y la pusieron en una parihuela. Notaron que sus brazos se alargaban en forma de ramas y que su cuerpo se redondeaba tomando la forma de un árbol de extraña configuración. Su cabeza se doblegó hacia el naciente, sobre el tronco y de los dedos empezaron a brotar flores blancas de gran hermosura.
Los indios retornaron asustados a su tribu contando lo que habían visto. Sólo algunos días después se animaron a volver al lugar donde la india había muerto. Fue entonces cuándo comprobaron que las flores se habían teñido de un ligero color rosado y que ya no había quedado ningún vestigio de humanidad. El árbol se levantaba seguro sobre su robusto tronco y su ramaje florecido, hasta desparramarse en su graciosa copa.
Entonces todos comprendieron que las flores blancas son sus suspiros de amor, y que las lágrimas de la india la tiñen de rosa por la sangre derramada en el campo de batalla. En tanto las fuertes raíces del árbol absorben energía de la tierra para elevarla a las corolas (conjunto de pétalos) hacía el cielo".
"El mito, la leyenda y el hombre" - Usos y costumbres del folklore. Félix Molina Tellez.
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