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Un Nazi en La Plata (Parte 1) Crímenes y Fuga

Visita La Plata | 1:57 |

Existen innumerables historias sobre la huida de oficiales y jerarcas nazis tras el colapso del Tercer Reich; relatos de sombras que cruzaron el océano para desvanecerse en la inmensidad de la costa argentina. La ciudad de La Plata no es ajena a este pasado oscuro: entre sus calles y su cotidianidad, vivió oculto el genocida Joseph Schwammberger.

El Origen de un Verdugo

Dentro de la estructura jerárquica de las SS, Schwammberger escaló posiciones hasta alcanzar, según diversas fuentes, el rango de Oberscharführer. Su historial de sangre comenzó a escribirse con fuerza a partir de 1941, primero en un campo de trabajos forzados cerca de Rozwadow y, más tarde, en el punto que marcaría su nombre para siempre: el Ghetto A del Campo de Concentración de Przemysl, en la Polonia ocupada.

Allí, como comandante, desplegó una crueldad que rozaba lo inhumano. No solo administraba el horror, sino que participaba activamente en él. Los testimonios judiciales que años más tarde lo perseguirían describen una frialdad absoluta. Uno de los relatos más desgarradores narra una escena cotidiana en el campo:

Había un judío herido tirado en la calle, con un tiro en la parte inferior del cuerpo. Nos detuvimos, yo, él, su esposa y el perro. Esa persona en la calle solo podía decir 'Agua, agua, agua'. Y Schwammberger tomó su pie derecho y lo volteó boca abajo. Sacó su pistola y yo estaba mirando a la Sra. Schwammberger para ver cómo se veía. Ella se dio la vuelta. No quería mirar. Y le disparó. Justo en la cabeza”.

La trampa de la "Aktion Final"

En 1943, el campo se dividió: el sector A quedó bajo el mando de Schwammberger para trabajos forzados, mientras el sector B se destinaba al exterminio. Fue entonces cuando se ejecutó una de las trampas más perversas de la ocupación. Bajo la promesa de traslados a campos de trabajo —una mentira diseñada para evitar revueltas—, 1.580 personas se entregaron voluntariamente.

La realidad fue un paredón. El 11 de septiembre de 1943, fueron fusilados en el patio del edificio Judenrat en grupos de cincuenta.

Tras la masacre, el resto de los prisioneros fue enviado a los hornos de Auschwitz. El pánico empujó a muchos a buscar refugios secretos en el sector A, lo que desató una cacería brutal: la Gestapo y las SS, lideradas por Schwammberger, liquidaron a otras 1.000 personas que intentaban subsistir en búnkers improvisados.

Sin embargo, entre tanta oscuridad, surgieron destellos de resistencia. Stefanía Podgorska, una joven polaca de apenas 17 años, desafió al régimen ocultando a 13 prisioneros en su ático, convirtiéndose en un contrapunto de humanidad frente a la maquinaria de muerte del comandante.

El fin de Przemysl y la confesión del horror

Las cifras que rodean al Campo de Concentración de Przemysl son abrumadoras: algunos registros sugieren que allí fueron sometidas más de 28.000 personas. Sin embargo, ante el avance imparable del Ejército Rojo en febrero de 1944, la orden del mando nazi fue tajante: liquidar el campo, no dejar testigos.

Cuando las tropas soviéticas finalmente ingresaron el 27 de julio de ese año, el silencio era casi total. Solo hallaron a 120 sobrevivientes entre los escombros. Con el paso de los días, ese número ascendió a 400 gracias a quienes lograron subsistir en los búnkers secretos, desafiando la cacería de Schwammberger.

El primer intento de huida

Con el Tercer Reich desmoronándose, Schwammberger fue trasladado brevemente a Mielec antes de intentar su primera fuga. Pero su suerte pareció terminarse en Innsbruck, donde fue capturado por la policía austríaca. En su poder hallaron un botín macabro: piezas de oro y joyas arrebatadas a sus víctimas.

Fue en ese contexto donde, según el investigador Uki Goñi, el oficial nazi realizó una confesión que hiela la sangre por su precisión técnica:

“Llevé a cabo las ejecuciones de 35 personas, disparándoles en la nuca con una pistola. Les disparé a 10 centímetros de distancia. Si seguían mostrando algún signo vital, les volvía a disparar en la sien”.

La Ruta de las Ratas: Destino Argentina

A pesar de su captura, el sistema de posguerra era poroso. Tras una breve detención en un campo de prisioneros en Francia, Schwammberger logró lo que miles de criminales de guerra soñaban: desaparecer. Se infiltró en las redes de protección nazis, las llamadas "Rutas de las Ratas" (Ratlines).

Amparados por pasaportes falsos de la Cruz Roja o salvoconductos del Vaticano, los verdugos de Europa comenzaron su éxodo hacia el sur. Argentina se convirtió en el refugio predilecto. Según los datos de Goñi, al menos 228 criminales de guerra ingresaron al país camuflados entre los 80.000 inmigrantes que llegaban desde Europa Central buscando una nueva vida. Entre ellos, con un nombre falso y el pasado oculto bajo el brazo, viajaba el comandante de Przemysl.

40 años de impunidad: El vecino de La Plata

El arribo de Joseph Schwammberger a Argentina tuvo una particularidad que lo distingue de otros fugitivos: no necesitó esconderse tras un alias. El 19 de marzo de 1949, descendió del buque “La Campana” en el puerto de Buenos Aires y, con una audacia asombrosa, inició sus trámites migratorios con su verdadero nombre.

Tras un breve paso por San Isidro y Don Torcuato, el matrimonio Schwammberger se instaló definitivamente en la ciudad de La Plata. El lugar elegido fue el barrio La Cumbre, en la actual localidad de San Carlos. Este rastro, reconstruido minuciosamente por Jorge Camarasa en su libro Odessa al Sur, revela cómo el comandante de los campos de exterminio se convirtió, simplemente, en un vecino más.

Sombras en la fábrica

Ya asentado en la capital bonaerense, Schwammberger consiguió empleo en la Petroquímica Sudamericana, ubicada en Olmos (Av. 44 y 184), predio que hoy ocupa la firma Mafissa.

La historia aquí se vuelve doblemente oscura. El fundador de la compañía, Jorge Curi, se haría tristemente célebre años más tarde por sus vínculos con la DIPBA (Departamento de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires) y su responsabilidad en la desaparición forzada de 15 trabajadores. En este entorno de poder y control, el exoficial de las SS encontró un refugio perfecto. Un dato que no pasa desapercibido: en 1968, la empresa fue adquirida por la firma holandesa-germana AKZO, estrechando aún más los lazos con el capital europeo.

El ciudadano Schwammberger

Durante décadas, la pareja vivió en una impunidad absoluta. Tan seguros se sentían que ni siquiera evitaron los registros oficiales: ambos tramitaron la ciudadanía argentina. El 1965, el hombre que había ordenado fusilamientos masivos en Polonia obtuvo su Libreta de Enrolamiento N° 7.603.354. El Estado argentino le otorgaba una identidad legal al mismo hombre que el mundo buscaba por crímenes de lesa humanidad.

El encuentro fortuito: El principio del fin

La impunidad de Schwammberger parecía blindada, hasta que el destino intervino en 1971. Aquel año, una de sus antiguas víctimas —un sobreviviente del horror que el oficial nazi creía haber dejado atrás— lo reconoció caminando por las calles de La Plata.

Superando el trauma y el pánico inicial, el hombre comenzó a seguirlo en las sombras. Lo escoltó en silencio hasta la calle 141, donde confirmó que el verdugo de Przemysl vivía como un ciudadano común. De inmediato, se puso en contacto con organizaciones israelíes y con Simón Wiesenthal, el legendario "cazador de nazis". Durante un año entero, una vigilancia silenciosa se instaló en el barrio La Cumbre: cada movimiento de Schwammberger fue documentado para confirmar su identidad.

El juego del gato y el ratón

En 1972, con las pruebas en la mano, Wiesenthal denunció ante los tribunales alemanes que el comandante sospechoso de 3.600 muertes había sido hallado. Sin embargo, atraparlo en Argentina no sería sencillo. Con el antecedente de la "Operación Garibaldi" (el secuestro de Adolf Eichmann en 1960), los márgenes para una acción comando eran nulos.

El 30 de abril de 1973, Alemania pidió formalmente su detención al Tribunal Federal de La Plata N°3. Pero los hilos de la red de protección nazi seguían activos: alguien filtró la información. Schwammberger se evaporó.

El fantasma de la red Odessa

El genocida inició entonces una fuga de película. Se cree que huyó desde el puerto de Ensenada oculto en un buque petrolero con destino a Canadá, donde residía uno de sus hijos. Pero la Argentina seguía siendo su refugio más seguro; tiempo después regresó de incógnito para instalarse en Temperley. Apenas unos 40 kilómetros lo separaban de su antiguo hogar en La Plata; una distancia mínima que evidenciaba su total confianza en las redes que lo protegían.

Amparado por el convulso contexto político de los años 70 y 80, vivió en las sombras durante otros 14 años. Durante este periodo, la llegada de la última dictadura militar consolidó un muro de silencio a su alrededor: las coincidencias ideológicas y los lazos entre el aparato represivo local y los antiguos cuadros del nacionalsocialismo garantizaron que los pedidos de captura durmieran el sueño de los justos en los cajones judiciales. A pesar de que la Embajada Alemana insistió en 1975 y 1983, la protección de alcance nacional era total. Recién con el retorno de la democracia y la renovación de los aires de justicia en Argentina, el cerco sobre el "vecino de La Plata" volvería a cerrarse. Esta vez, la historia no permitiría una nueva huida.


Parte 2 - La Captura y el Juicios a un Criminal Nazi.



https://www.visitalaplata.com.ar/2019/12/ayudanos-crecer.html

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