Juan Arrarás: El Halcón Platense sobre Malvinas
La República de los Niños, el Parque Castelli y la localidad de Los Hornos comparten un hilo invisible que los une: en los tres puntos de la ciudad persiste un homenaje al Primer Teniente Juan Arrarás, uno de los "halcones" que llevó el coraje argentino a los cielos de Malvinas.
De las calles platenses al cielo del atlántico sur
![]() |
| Juan Arrarás junto a su avión A-4B Skyhawk |
Con solo 17 años, en febrero de 1975, partió hacia Córdoba para ingresar a la Fuerza Aérea Argentina. Su tenacidad lo llevó a ser uno de los 120 seleccionados entre 1500 aspirantes, y tres años más tarde, formó parte del selecto grupo de 45 egresados de la Escuela de Aviación Militar. Tras especializarse en aviones a reacción en Mendoza, el destino lo encontró en abril de 1982 con apenas 24 años y con el grado de Teniente en el Grupo V de Caza, con base en San Luis.
Allí, Arrarás se preparaba para la guerra a bordo de los Douglas A4-B Skyhawk. Eran máquinas nobles pero veteranas. Fabricadas en los años 50 y adquiridas en 1965 luego de ser refaccionadas por el gobierno de EEUU para su reventa. En esas cabinas de tecnología superada, pero cargadas de voluntad, los pilotos argentinos se dispondrían a enfrentar ala tercera flota más poderosa del mundo.
Vuelo rasante rumbo al Sur
![]() |
| (2) Tn. Juan Arrarás en su avión A-4B Skyhawk |
Tras el fracaso de las negociaciones de paz, el 11 de abril la V Brigada Aérea inició su despliegue hacia la Base de Río Gallegos, en Santa Cruz. El Teniente Juan Arrarás integró el 2° Escuadrón, que arribó a la Patagonia el 2 de mayo bajo el mando del Vicecomodoro Ernesto Dubourg.
Tal como lo documentó el Informe Rattenbach (1), la Fuerza Aérea Argentina poseía un entrenamiento de excelencia para objetivos terrestres, pero carecía de experiencia en combate naval. Para suplir esta brecha, el Capitán de Navío Jorge Troitiño brindó indicaciones técnicas que sellarían el destino de los pilotos: frente a las modernas fragatas y destructores británicos, la única opción de supervivencia era la audacia extrema.
Según Troitiño, en una oleada de 16 aviones, estadísticamente solo dos tendrían posibilidades de alcanzar el blanco. La táctica era brutal: aproximaciones a menos de 10 metros sobre el nivel del mar, a máxima velocidad y en absoluto silencio de radio. En pocas palabras, volar a 1000 km/h rozando las olas, sin comunicaciones y un radar intermitente.
Bautismo de fuego: El ataque al HMS Glasgow
Instalado en Río Gallegos, Juan mantenía la costumbre de llamar a su familia diariamente para llevar tranquilidad, omitiendo los detalles del peligro que enfrentaba. Durante el conflicto, participaría en cerca de 20 misiones, pero ninguna como la del 12 de mayo.
![]() |
| Ataque al HMS Glasgow Guerra de Malvinas - 1982 |
Aquel día, el moderno destructor HMS Glasgow y la fragata HMS Brilliant —joyas de la tecnología naval británica— bombardeaban Puerto Argentino. El Grupo 5 de Caza fue convocado de urgencia para formar las escuadrillas “Cuña” y “Oro”. Arrarás abordó su A4-B, matrícula C-244, con un objetivo claro.
La primera escuadrilla, liderada por el Primer Teniente Manuel Bustos, atacó desde el sur contando con el factor sorpresa. Sin embargo, el precio fue altísimo: de los cuatro aviones, tres fueron derribados por los sistemas de defensa. Solo el Alférez Vázquez logró sobrevivir; sus compañeros, los Tenientes Mario Nívoli y Jorge Ibarlucea, cayeron en combate.
Minutos después, la escuadrilla "Oro" —integrada por el Capitán Antonio Zelaya, los Tenientes Arrarás y Fausto Gavazzi, y el Alférez Guillermo Dellepiane— se lanzó sobre los buques. Arrarás, junto a Zelaya y Gavazzi, enfocaron su fuego contra el HMS Glasgow. El ataque fue certero: el destructor sufrió averías de tal magnitud que el Almirante británico John Woodward decidió, desde ese momento, retirar sus buques de las acciones navales diurnas cerca de la costa.
El regreso fue agridulce. En medio de la tensión del vuelo de vuelta, el Teniente Gavazzi fue derribado por fuego amigo y falleció en el acto. De los ocho "halcones" que partieron aquella mañana, solo cuatro regresaron a la base. Juan Arrarás estaba entre ellos, con el bautismo de sangre grabado en la retina.
El día más negro de la flota británica: El sacrificio final.
Con el avance del conflicto, cada misión se volvía más peligrosa que la anterior. Los "Halcones" ya no solo enfrentaban a la artillería naval, sino a las patrullas de los aviones Harrier que sobrevolaban el archipiélago para cazar cualquier vuelo rasante. El 8 de junio, en lo que la historia militar británica recordaría como “El día más negro de la Royal Navy”, cuándo los jóvenes pilotos argentinos infligieron los mayores daños de todo el conflicto.
Durante la mañana, se detectó una importante flota en Bahía Agradable, encabezada por los buques de desembarco RFA Sir Tristram y RFA Sir Galahad. A pesar de las interferencias electrónicas y las fallas técnicas que obligaron a varias unidades a regresar, una primera oleada de cinco aviones logró lo impensable: hundir ambos buques de desembarco.
Sin conocer el destino de sus compañeros y sabiendo que el factor sorpresa ya se había evaporado, una segunda oleada del Grupo V partió hacia las islas. Entre ellos volaba el Teniente Juan Arrarás. Para evitar los radares, navegaron por encima de los 3500 metros antes de ser reabastecidos en vuelo por un avión cisterna Hércules KC-130. Luego, descendieron a vuelo rasante durante 150km con las olas golpeando el vidrio de la cabina.
Héctor Sánchez, compañero de formación de Arrarás, recordaría con nitidez aquel momento (4):
“Nos encontrábamos volando rasante, yo lo hacía próximo al avión de Juan. Me distraía ver la estela que dejaban en el agua los gases del motor de su avión; eso demostraba lo bajo que estábamos”.
A menos de 10 metros de altura y entre chubascos que reducían la visibilidad, los pilotos cruzaron hacia la Isla Soledad con la mirada puesta en el HMS Fearless, otro buque de desembarco de 12 mil toneladas y capaz de transportar 400 infantes.
![]() |
| Monumento al Tn José Arrarás en el Parque Castelli de La Plata |
Fue entonces cuando el cielo se desplomó sobre ellos. Dos aviones Harrier bajaron desde las nubes lanzando sus misiles. El primero impactó de lleno en el Alférez Vázquez. El segundo alcanzó la cola del avión de Arrarás. El joven platense logró eyectarse y su paracaídas se abrió en medio del humo. Sin embargo, los relatos británicos de aquella tarde son desgarradores: el paracaídas de Arrarás se habría incendiado durante el descenso, sellando su destino en las frías aguas del sur.
De los cinco aviones de aquella sección, solo dos regresaron. En su retirada, y en una muestra de tenacidad asombrosa, lograron atacar con éxito la lancha de desembarco Foxtrot 4. A lo largo de 45 días de combate, el Grupo V perdió a 9 de sus 34 pilotos. Volaban sin radares, sin sistemas de defensa y con el combustible tan justo que cualquier maniobra evasiva significaba no tener nafta para volver a casa.
El efecto de esta acción de combate aeronaval tuvo impacto directo en la Batalla de Monte Longdon protagonizada por otro grupo de jóvenes platenses del Regimiento de Infantería N7.
Como bien resumió el piloto Luis “Tucu” Cervera (5):
“No nos quedaba otra que volar a ojo, hasta que uno mismo se decía: No bajo más porque me mato”.
Memoria contra el olvido: El regreso a casa.
![]() |
| Aeropuerto José Arrarás República de los Niños |
Tras la firma de la rendición el 14 de junio de 1982, se inició un doloroso proceso de "desmalvinización". Promovido inicialmente por la propia Dictadura para ocultar el fracaso de su conducción, este silencio forzado buscó invisibilizar a los héroes y veteranos, condenándolos a un retorno por la puerta de atrás. Para la familia de Juan Arrarás y para la ciudad de La Plata, comenzó entonces una larga espera por el reconocimiento que la burocracia entregó a cuentagotas.
Los honores oficiales llegaron con la demora. Recién en marzo de 1983 se le concedió la medalla “La Nación Argentina al Muerto en Combate” y su ascenso póstumo a Primer Teniente. Con el paso de las décadas, las leyes nacionales (24.020 y 24.950) terminaron por consagrarlo como lo que siempre fue: un Héroe Nacional. Sin embargo, el homenaje más genuino es el que hoy reside en las calles, plazas y escuelas que Juan recorrió antes de partir hacia el sur.
Archivado en:: Biografías, guerra de malvinas

















