El gran éxito de la serie El Eternauta, basada en el comic de Héctor G. Oesterheld, revivió el mito de que la saga pudo haber tenido una tercera parte en la ciudad de La Plata. Pero lo que no todos saben es que Oesterheld creo toda una historia dónde ciudad se convirtió en la Capital del Mundo.
La historieta comienza con la narración de una escriba o historiadora galáctica mencionando las grandes conquistas de “Los Kurkos”; una de las civilizaciones más temidas del sector que han utilizado medidas extremadamente crueles para someter planetas enteros. Pero al reflexionar sobre la Gran Guerra en contra la Tierra, la cual presuponían que sería muy sencilla, afirman: “Lo que Roma, según viejas crónicas terrestres hizo en siglos, esta ciudad lo hizo en horas: Horas terribles ardidas en fuegos y muertes”.
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La Publicación de El Astrón de La Plata
Según el blog “bibliotecaoesterheld” la historieta se publicó por primera vez en la Gaceta de la Tarde en el año 1969. Según una reciente nota en el Diario ElDía el proyecto habría comenzado como un acuerdo entre el autor y dicha empresa, la cual habría puesto la condición de que los sucesos ocurrieran en la ciudad de La Plata. En ambos casos el nombre original fue del comic fue “El Astrón de La Plata”, una aventura protagonizada por un joven estudiante de ingeniería electrónica llamado Lucho que está listo para revolucionar el mundo con la bioelectrónica. En su aventura también lo acompañan Viki, el profesor Lugones, Don Cosme, el Chango y Aranko.
En forma casi paralela Oesterheld también logró que una segunda editorial publicara la historia. De este modo apareció “Galac Master” en la Revista Skorpio, la cual incluso vendía ejemplares en Italia mediante la Revista Lanciostory. Esta segunda versión es prácticamente igual a “El Astrón de La Plata”, salvo por el detalle de que el protagonista pasó a llamarse “Dardo”. En la traducción italiana se eliminaron unos poco diálogos.
La Plata – Capital del Planeta Tierra
La historia comienza en algún barrio periférico de la ciudad, en las cercanías del taller “El Chispaso Platense” de Don Cosme Ferraro. En este lugar se encuentra Dardo/Lucho trabajando en sus inventos. Luego de unos sucesos que dan inicio a la trama, la acción se desplaza al Museo de Ciencias Naturales y a una cueva secreta ubicada debajo de la Cancha de Gimnasia. Aquí funcionará la base operativa del equipo que deberá evitar la invasión extraterrestre encabezada por el Comandante Kranatos.
A lo largo del comic se hacen referencias al modulo lunar Apolo, la Bomba de Hiroshima, las Bombas H y la conquista europea del continente americano.
“Todo el Planeta Tierra a nuestra merced, menos una ciudad, una sola ciudad, convertida de la noche a la mañana en la Capital del Mundo”
Como único reducto de resistencia humana, la ciudad de La Plata y el Módulo de Apolo serán un eje que deberán salvar el Planeta.
(Alerta de Spoiler - Breve Análisis de la historieta) Al igual que en El Eternauta, más allá ser una fabulosa historia de Ciencia Ficción con extraterrestres, se mantiene una crítica a las formas de organización social. En el primer capítulo de la saga Dardo Fuentes es presentado como un estudiante de ingeniería y reciente inventor de la “bioelectrónica”. Al mostrarle sus primeros desarrollos (el neurotransmisor y el gravitón electrónico), Dardo desea construir un mundo con energía sustentable, libre de contaminantes y gratuita para todo el mundo; pero su profesor Lugones le advierte que su intención no será bien recibida por algunas empresas multinacionales.
La historia entre Dardo Fuentes y Lugones podría haber evolucionado hacía un debate político, pero “El Astrón de La Plata” trata sobre una invasión extraterrestre que nadie veía venir. Recién tras un intento de asesinato por parte de un robot invasor Morgo/Morugo, Lucho comienza a escuchar voces e impulsos que lo hacen correr hacía el Museo de Ciencias Naturales para descubrir un antiguo túnel subterráneo. Este camino lo llevará a conocer a Aranko, otro extraterrestre que lo ayudará en sus aventuras. Este alien es un testigo de la evolución de las civilizaciones humanas, tanto en sus virtudes como en las sangrientas conquistas.
Entre las sutiles perlas del comic se aprecia los choques culturales que podrían ocurrir en el primer contacto de dos civilizaciones. Por ejemplo el primer robot asesino confunde un ave urbana como un vigía militar. Otro detalle curioso y simpático a la distancia es que en una viñeta dónde los protagonistas viajan “a la fantástica velocidad de sesenta kilómetros por hora” en un automóvil que habría sido propiedad del corredor Raúl Riganti.
“El Astrón de La Plata” o “Galac Master” no es solo una historieta más de Germán Oesterheld. Al igual que El Eternauta es una declaración de principios, una visión política en la puja de los poderes y los intereses de las ciudadanías, y un rejunte de escenas humorísticas que abordan las complejidades culturales de la vida moderna.
¿El Eternauta III?
A partir de rumores y de una entrevista brindada por el dibujante Alberto Ángel “Lito” Fernández, nació la teoría de que en 1977 Oesterheld planificaba escribir una tercera parte de El Eternauta. En una entrevista de Lautaro Ortiz para Página/12, el historietista respondió:
“Lo conocí en Hora Cero (…) Me dijo que había conseguido un contrato para trabajar en un diario de La Plata y hacer El Eternauta y quería que yo lo dibujara. El diario ofrecía, además, sacar fotos en helicóptero de distintos lugares de la ciudad, sobre todo del cementerio. Y así se hizo. Hice seis páginas, creo”.
En la misma nota de Página/12 se aclara que según Mariano Chinelli, del Archivo Histórico de Oesterheld, las páginas que menciona Fernández eran para el desaparecido diario Gaceta de la Tarde, que finalmente publicó la historieta “El Astrón de La Plata”, sobre una invasión extraterrestre ambientada en esa ciudad. Lo curioso es que en "El Astrón de La Plata" no aparecen menciones al Cementerio, planos cenitales ni referencias a las formas de las trazas típicamente observables desde un helicóptero. Por no decir que casi toda la trama es una interacción entre una base operativa en la cancha de Gimnasia y el Espacio Exterior.
El Secuestro de Oesterheld
Lamentablemente jamás se sabrá si la tercera entrega de El Eternauta hubiera tenido alguna escena en la ciudad de La Plata. Apenas se sabe que el historietista Héctor Germán Oesterheld fue detenido por una patota del Ejército en La Plata en abril de 1977. Posteriormente se lo trasladó al Centro Clandestino de Detención El Vesubio, ubicado en el cruce de Ricchieri y Camino de Cintura. Mientras estuvo con vida también lo vio en los Centros Dlandestinos Sheraton y El Campito.
A casi 50 años de su desaparición, aun no se encuentra su cuerpo ni existen condenados específicos en torno su causa judicial. También figuran en la lista de Desaparecidos sus cuatro hijas Diana (24), Beatriz (19), Estela (25) y Marina (18), de las cuales dos estaban embarazadas, y sus tres yernos. Solo sobrevivió su esposa Elsa Sánchez. Se cree que al menos uno de sus sobrinos logró nacer en cautiverio y que habría sido entregado en adopción bajo otro nombre.
Eduardo Arias, sobreviviente del CCD El Vesubió testificó en el Informe Nunca Más:
“Uno de los recuerdos más inolvidables que conservo de Héctor se refiere a la Nochebuena del '77. Los guardianes nos dieron permiso para sacarnos las capuchas y para fumar un cigarrillo. Y nos permitieron hablar entre nosotros cinco minutos. Entonces Héctor dijo que por ser el más viejo de todos los presos, quería saludar uno por uno a todos los presos que estábamos allí. Nunca olvidaré aquel último apretón de manos. Héctor Oesterheld tenía sesenta años cuando sucedieron estos hechos. Su estado físico era muy, muy penoso”.
Existe un blog y una fanpage dedicada a la Revista Skorpio dónde suelen cargarse las posteos y archivos comprimidos con escenas de los comic. La primera publicación de la saga salió en el número 63.
Cuándo
en noviembre de 1882 se fundó la ciudad de La Plata, la mayoría de los políticos nacionales se oponían al proyecto del Dr Dardo Rocha. Uno de estos personajes fue ex Presidente Domingo Sarmiento, pero con el paso del tiempo pudo conocer la ciudad de La Plata y se enamoró perdidamente. Sumergido en su asombro, no solo nos dedicó todo un texto, sino que además comparó orgullosamente
su consumo de opio y sus viajes por el Mundo.
Sarmiento en el Contexto Político
El ex Presidente Sarmiento es uno de los personajes históricos más complejos de la historia nacional. Por un lado era una persona extremadamente inteligente que amaba el conocimiento y el progreso de la civilización. Hoy en el siglo XXI muchas de sus ideas nos pueden parecer crueles e inhumanas, pero en el siglo XIX era una mente comparativamente progresista (1). Pero su contracara era una persona extremadamente provocadora para expresas sus ideas, incluso de manera verbalmente violenta y vulgar. Encima a mediados del siglo XIX había una intensa lucha intelectual dentro de las ciencias, por lo cual Domingo Sarmiento a veces apoyaba una postura y luego la cambia sin ningún problema porque detrás de su ira también había muchísima autocrítica racionalista.
Cuándo en 1870/80 definía el retorno de guerra civil, Domingo Sarmiento forjó una alianza nacional entre el General Roca, el Dr Dardo Rocha, Juárez Celman y Manuel Pizarro para terminar con las luchas armadas. Dos años más tarde estaba completamente peleado con todos.
Peor aun, Sarmiento estaba convencido que para pacificar la nación había que construir una nueva Capital Federal en la Isla Martín García bajo el nombre “Argirópolis”. Es decir que la idea de fundar la ciudad de La Plata lo contradecía por todas partes. Su enojo lo llevó a ser uno de los grandes ausentes durante la fundación del 19 de noviembre de 1882.
Mientras Sarmiento estaba encerrado en su enojo contra Dardo Rocha, el Gobierno Nacional de Argentino Roca ahoga el presupuesto educativo de la Provincia de Buenos Aires e impulsaba una campaña de desprestigio contra la ciudad de La Plata. Tanto Roca como Celman hicieron todo lo posible para que la capital bonaerense no prosperara, incluso la apodaban “La Ciudad de las Ranas” o la comparaban con un desierto.
Cuando Sarmiento se enteró que la pelea "Roca vs Rocha" impedía la construcción de escuelas públicas explotó en defensa la ciudad. Primero la visitó y se comprometió a conseguir nuevas maestras, y luego fue contra e Gobierno Nacional. En el medio nos dejó una emblemática crónica de su pensamiento. No solo salió a defender y exigir la construcción de un Colegio Nacional como establecía la Ley, sino que además terminó maravillado por la modernidad. Comparó la ciudad de La Plata con la gloria de Egipto, Europa y de los EEUU. Literalmente hablando se había enamorado de la ciudad.
Ensayo "La Plata"
El
siguiente texto llamado “La Plata” fue publicado en el diario El Debate, Buenos
Aires, 11 de noviembre de 1885.
También fue republicado en la prensa El
Nacional de 1886.
Volvamos
a La Plata. ¿Se ha embriagado con opio alguno? ¡Pues yo sí, que todo lo he probado! Una sensación deliciosa de bienestar, en medio de una iluminación espléndida que no viene del sol pues no tienen sombra los cuerpos; sin duda que se dilata el espíritu, puesto que las calles angostas, tortuosas, los edificios de azotea, las calles pantanosas no proceden sino de la limitación de los tamaños, de la conciencia, en el sentido común. El teriaki ve ciudades con monumentos de una cuadra de alto como las Pirámides de Egipto, y puentes gigantescos, como el de Brooklyn ahora construidos por un teriacky.
Y bien, cuando me he paseado por las calles ya bulliciosas de La Plata, me he persuadido, no que yo haya bebido opio ese día pues no hice disparate ninguno, sino que todo allí, gobierno, pueblo, ingenieros, hacían la mañana con opio, y hacen todo desmesurado, colosal, como para un pueblo de gigantes. Comprendo al ver aquellos edificios en construcción, aquellas casas ya habitadas, que les están quitando los andamios como los hilvanes al vestido que estrenamos, la sorpresa de Dickens al desembarcar en Nueva York y ver niños jugando ya en la calle y algún chicuelo mamando prendido al seno de la madre. ¡Imposible! decía,
que hayan nacido aquí, si no ha habido tiempo, tan lustrosas están las cerraduras, tan de fresco pintadas las puertas, tan sin acabar de rematarse los edificios; están en la vereda los cajones vacíos de los muebles recién armados.
La Plata ofrece este mismo espectáculo. Las minas de oro o de plata están presentando iguales, en lugares donde un año antes solo cazadores habían penetrado en los Estados Unidos. Encuentran un filón de metal que excita el hambre, y en la noche los aventureros se han arreglado de modo que amanezca ardiendo el fuego en los hoteles: hay casas de remate, un metodista predica parado sobre el tronco de un árbol, hay posta y se están clavando los postes del telégrafo a la más próxima ciudad, a donde se piden casas hechas, y una iglesia que debe armarse para el domingo siguiente. En La Plata vamos a tener catedral que deje atrás a la marmórea de Nueva York,
construida (ocho millones) con oblaciones públicas, y una partida que daba la municipalidad, (el ring) de ladrones en cambio de los votos de los irlandeses. (No se enoje Mr. Mulhall que aquí los irlandeses no votan, porque son de Inglaterra) “Para la patria y no para Portugal”, como se enseñaba a los loritos en tiempo de la princesa Carlota.
¡Qué majestad la de los edificios públicos de La Plata! Este es su defecto, y acaso la herencia que traemos de nuestros antepasados, como aspiración; pero lo que nos muestra los progresos que la educación pública ha hecho en tan corto tiempo, es que en todo se ha realizado cuanto se concibe de más acabado y reciente en la economía de las ciudades: luz eléctrica, calles anchas, boulevares, avenidas, diagonales, adoquinados, veredas de cuatro a diez varas; bosques que parecen seculares por lo sombríos, dan solaz, sombra y recreo a las puertas de la ciudad encantada; como monumentos, palacios para el Museo antropológico que ya es uno de los primeros del mundo, enriquecido con doscientas muestras de lasrazas americanas. Siéntese el visitante de Buenos Aires en el mundo que ha soñado, porque La Plata es el pensamiento argentino, tal como viene formándose e ilustrándose hace tiempo, sin que nadie se dé cuenta de ello… (...)
Los monumentos de La Plata están ya poblando y accidentando el horizonte, habitados unos, rematándose otros; pero de su conjunto, de las calles que disimulan su correcto empedrado bajo una capa de conchilla (¡que Dios haya la vista de los transeúntes!), de sus estaciones que repiten en doscientos metros de largo aunque en dos filas el Louvre de París, y de las líneas de palmeras de las calles y plazas, y del bosque sombrío que media entre el puerto y la ciudad, se produce una sensación única hoy en la tierra, sin la grandeza de los tamaños y de la distancia, con los detalles de los edificios públicos y privados entre los cuales no se encontraría una muralla vieja, un techo desvencijado, nada que no haya nacido ayer, bajo plan y dirección.
Los
palacios de los reyes suelen estar empujando las chozas de los miserables y los
grandes progresos realizados solo sirven para mostrar las enormes deficiencias,
como si allegáramos la luz a rincones oscuros, húmedos y hediondos, donde se
cobijan inmundas alimañas. Es hoy opinión recibida que el Egipto, con su
pasmosa civilización, anterior a toda cultura humana, es sin embargo colonia de
algún otro pueblo desconocido, prehistórico; porque la Pirámide más perfecta,
más alta, más matemática es la primera que se ha ejecutado, siendo las otras
casi degeneración de aquella. Sucedería lo mismo con La Plata; si hubiéramos de
contemplarla un siglo después. Todo en ella por sus perfecciones, sus formas,
su necesidad, acusaría un pueblo anterior que vino al Río de la Plata, tomó la
tierra en la Ensenada internándose, fundó a Pérgamo como los troyanos al paso,
o como Eneas la Roma, para poder verla en el Poliorama del Retiro. Aquello será
también una vista de Poliorama.
¿Cuántos
habitantes cuenta La Plata? La estadística de veinte y siete mil. Antes de que
se imprima habrá treinta mil. ¡Imposible! Todo lo que sucede aquí es imposible;
¡pero así resulta del censo que se está levantando! Diga lo que quiera el
censo, el Presidente, oído el informe de su bibliotecario, no ejecutó la ley
del Congreso que mandaba crear un colegio nacional en La Plata, como en toda
ciudad que se reputa, por no haber como mil habitantes, y no tenemos colegio
nacional que tiene Jujuy con tres mil o cuatro mil habitantes y Rioja con cinco
mil, San Luis cinco mil si los tiene; pero como es imposible que un Ejecutivo
no ejecute una ley cuando su oficio es ejecutar aun contra informe de bibliotecario,
es imposible también que Jujuy tenga tres o cuatro mil habitantes y tenga Colegio,
sin que se haya puesto veto al ítem del presupuesto. ¡Doblemos la hoja! La
Plata esta dominada de un espíritu hostil, que impide que el presidente venga y
vea por sus propios ojos. El bibliotecario consultó naturalmente el censo de
1869 y encontró Ensenada con 575 habitantes y dándole de barato Tolosa, y lo
que habrá andado desde entonces, el bibliotecario cumplió con un deber estricto
de bibliotecario, que cita el texto y la página de un libro a su custodia y no
va a visitar aldeas en construcción, lo que no entra en sus funciones. El Presidente
no necesita saber geografía instantánea, a la minute como dicen los franceses,
o a la minuta como dicen los fabricantes de tarjetas o de reputaciones
oficiales.
Me despido de La Plata revivido, reconfortado, pues antes de ver lo que somos, y poder conjeturar lo que seremos cuando se acaben de derrochar las tierras públicas, ya que no podemos derrocarlas, dudaba de la fuerza vegetativa y de los progresos morales y sociales que hacemos, para salir del molde colonial que en La Plata ha sido dejado, para inventar habitantes con moradas modernas.
(1) - Sarmiento consolidará las bases de una educación pública y gratuita para todos los sectores sociales, trae la idea de la industrialización, moderniza los sistemas pedagógicos de enseñanza (acorde al siglo XIX), fomenta las ideas higenistas-conservacionistas con el medio ambiente y defiende los primeros derechos de las mujeres. Incluso hasta sus celebres y negativas frases contra los pueblos nativo-americanos y gaucho (propuesta de genocidio), luego se arrepiente y los establece como el verdadero origen de la argentinidad. - Este post pudo ser realizado al Trabajo de Investigación "La Plata: Una Geografía Literaria" de José Luis De Diego (director), VerónicaDelgado y Margarita Merbilhaá (recopilación de textos) y Ernesto Domenech (fotografías).
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de La Plata - CONICET. Malisia Editorial. Año 2019.
- Las Fotografías de época en blanco y negro corresponden a la Colección de Tomás Bradley, realizadas entre 1882 y 1885.
A fines del siglo XIX era muy normal que un escritor o periodista use seudónimos. Pero muy pocas veces un alias fue tan preciso al momento de designar la vida y la personalidad de alguien. Marcado por la tragedia desde su nacimiento, forjado en el compromiso social, humillado por las oligarquías casi hasta su muerte; nadie pudo frenar a Don Pedro Palacios, uno de los mejores poetas y docentes que tuvo este país. Sin dudas un verdadero Alma Fuerte.
Fue un 13 de mayo de 1854 cuándo nació en San Justo el Profesor Pedro Bonifacio Palacios. Y tan pronto como vio la luz también comenzó su tragedia. Su madre falleció al muy poco tiempo. Su padre abandonó el hogar. Y completamente huérfano, en un país sumergido en la Guerra Civil, debió ser criado por sus parientes, quienes a su vez estaban sumergidos en una profunda pobreza. Esta condición determinó una infancia marcada por las limitaciones y las frustraciones que terminaron forjando un carácter y estilo contradictorio: el tormento y la esperanza, la soledad y el compromiso social, el romanticismo y el vanguardismo. Con todas las dificultades del momento pudo acceder a la educación primaria, pero posteriormente fue rechazado cuándo pidió una beca para cursar Pintura en Europa. Esto lo llevó a incursionar como autodidacta en sus otras pasiones: la docencia y la escritura. Para muchos críticos del momento, él carecía de gracia y técnica; sus textos eran prosaico y solo basados en retórica. Pero sus detractores no notaron que Almafuerte estaba reescribiendo el rol de la poesía. No, no habla de cosas bellas ni le cantaba al amor. Él narraba sobre el dolor y la lucha, sobre las esperanzas que se desangran, el profundo grito por un mundo más humano y fraternal.
Sus letras muchas veces fueron la visibilización y exaltación de las clases humildes, a las que llamaba "la chusma de mis amores", oprimidas y despreciadas por los poderosos, pero a las que consideraba una raza futura de superhombres. Los poemas de Più Avanti constituyen una declaración de principios ante las adversidades con un tono profético y oscuro, pero excesivamente apasionado y humano.
Siendo aun adolescente comenzó a dar clases en escuelas rurales. Esto lo unió y sensibilizó aun más con la realidad social más profunda y oculta del país. Un camino en el cual cosechó grandes logros y pesados dolores. Fue maestro en colegios de localidades como Balvanera, La Piedad, Mercedes y Salto. En paralelo también se dedicaba a escribir discursos, notas de opinión social y continuos reclamos para mejorar las condiciones materiales de los establecimientos. Pero estos casi siempre eran mal recibidas por los caudillos locales y terminaba siendo despedido o expulsado. La situación pareció cambiar durante su estancia en Chacabuco (1884), donde conoció al ex Presidente Domingo Faustino Sarmiento y lo apadrinó apadrinó. Tras rechazar un cargo político dentro del Ministerio, fue reivindicado como Director de Escuela.
La historia podría haber terminado aquí, pero sus adversarios no lo permitieron. En 1888 falleció su protector, y en 1890 el rochismo perdió las elecciones provinciales. Una vez más, víctima de los azares y rencores políticos, debió mudarse. Esta vez fue con destino a la ciudad de La Plata dónde vivió hasta sus últimos días. Aquí trabajó para los diarios "Buenos Aires" y "El Pueblo". Estos no fueron años fáciles para nadie, y menos para los platenses. El avance del Juarizmo sobre los Rochistas se reprodujo en las asfixias presupuestarias, la crisis económica de 1890, en el intento de convertir la región en un pueblo fantasma y en el surgimiento de las primeras revoluciones radicales, socialistas y anarquistas. Y si bien Almafuerte jamás tuvo una filiación partidaria, si era muy escuchado por estos nuevos sectores políticos vinculados a las clases medias y bajas. Sus fuertes palabras interpelaban la contradicción y la necesidad de ir a una lucha contra toda esperanza. Pero no armados con el odio y el rencor, sino con la humildad y la fraternidad.
En 1894 intentó retomar la docencia rural, la cual se había tornado en una pasión en su vida. Viajó hasta Trenque Lauquen, dónde fue bien recibido por la población y nombrado Director. Pero tristemente en 1896 un telegrama que lo cambió todo. Desde el Magisterio de la Provincia le enviaron la notificación de despido por no tener un Título Habilitante.Humillado y arrancado de su labor, cayó víctima de una profunda depresión.
Volvió a la ciudad de La Plata, a su casa de avenida 66 entre 4 y 5. Aquí vivía con sus 5 hijos adoptivos, dictaba clases y cocinaba para los vecinos. Sumergido nuevamente en la pobreza, pasó su tiempo concentrándose en publicar su legado literario. En 1906 se editó “Lamentaciones”, en 1915 “Evangélicas” y en 1917 “Poesías Completas”. Entre sus poemas más famosos aparecen: “Piu Avanti”, “La Sombra de la Patria”, “El Misionero”, “Letanías Jesús”, “Mancha de Tinta” y “¿Flores a mí?”.
Luego de 20 años, el Congreso Nacional y el Presidente de la Nación Hipólito Irigoyen enmendaron los errores y los odios del pasado. Le entregaron el titulo de “Profesor”, una jubilación y aprobaron todos pliegos que había hecho para mejorar las condiciones de las escuelas rurales. Por si no fuera poco, luego de ser recibido por el Presidente, en la ciudad de La Plata lo esperó una comitiva provincial con un Gran Acto Público en Plaza Moreno para entregarle el diploma habilitante. Tristemente no pudo disfrutar de su consagración, pues falleció a los pocos meses. Exactamente el 28 de febrero de 1917.
Durante décadas trataron de callarlo, humillarlo, someterlo, comprarlo y/o borrarlo de la historia. Pero su legado en la educación y la literatura habían marcado la vida de miles de personas. Fue una reinvindicado por los Grupos Literarios de Boedo y Florida. En La Plata es considerado uno de los “Cinco Sabios”. Sus prosas se leen en los murales y se escuchan en las marchas. Incluso la banda de Heavy Metal Almafuerte lleva dicho nombre en su honor. Además su casa fue conservada por los vecinos y amigos organizados bajo la “Agrupación Bases”. En 1945 fue transformada en Museo Municipal y en 1961 se la declaró “Monumento Histórico Nacional”. En su interior no se conservan grandes vitrinas con objetos de valor económico, pues su vida fue todo lo opuesto. Pedro Bonifacio siempre vivió de manera muy austera. En parte nunca pudo tener un gran salario, y lo poco que ganaba siempre lo destinaba al arte o a la caridad. Por eso mismo su historia se narra con fotos, documentos, textos y los mínimos objetos cotidianos de la época.
Dentro del Parque Saavedra se conserva un enorme portón de hierro con una placa que afirma: “El Rincón del Novelista”. Un pequeño homenaje a uno de los más importantes escritores de la literatura gauchesca, la sátira popular y el drama. Un hombre físicamente pequeño, retraído, tímido, siempre de traje y de costumbres sencillas pese a poseer una herencia de “Sangre Azul”.
El 25 de julio de 1880 nació en la ciudad de Buenos Aires Benito Eduardo Lynch, sobrino del adinerado Patricio Lynch, emigrante del siglo XVIII y "Señor de Lyican" (Irlanda), quién colaboró con los movimientos por la independencia argentina y por asegurar la soberanía de Islas Malvinas.
En 1882 fue bautizado con el nombre “Benito”, al igual que su padre y sus otros cinco hermanos varones. Pronto se mudaron a la Estancia "El Deseado" en el partido de Bolivar, dónde su padre fue nombrado Intendente. Finalmente en 1890 la familia se radicó definitivamente en la ciudad de La Plata. Años más tarde, en 1925 Benito afirma sarcásticamente en la revista Caras y Caretas que volvieron a la ciudad porque su padre “empezó a notar que corríamos el peligro de hacernos gauchos”.
El desarraigo del campo y las costumbres, lo llevaron a desarrollar una profunda admiración por la vida del campo, sus actores y el proceso de integración con las costumbres urbanas. Sus cuentos, novelas, relatos y fábulas se basan en las personas que conoció. En sus textos buscó resaltar las costumbres criollas en momento histórico marcado por los olas migratorias y por una oligarquía que desestimaba las costumbres regionales frente las artes y modas europeas.
Pero mientras Leopoldo Lugones encabezaba una ola literaria gauchesca que forjaba personajes mitológicos, perfectos, poéticos y baluartes de algún gen nacional; Benito Lynch rescató la esencia cotidiana, los dramas, la fatalidad y el desafíos frente a la modernidad. Nuevamente el planteo de la "civilización urbana" en contra de la "barbarie del campo" planteada en "El Fausto", pero esta vez con un enfoque más campesino. Sin ir más lejos, su primer cuento publicado, "Plata Dorada", narra la triste experiencia de un joven campesino que se muda a la gran ciudad y es forzosamente escolarizado.
En 1902 ingresó al diario El Día como periodista, dónde tuvo que redactar crónicas sobre los eventos sociales de las elites: bodas, cumpleaños, bautismos y ceremonias. Abrumado por las costumbres de una alta sociedad que menospreciaba la vida del campo y de los sectores populares, comenzó a publicar esbozos y cuentos cortos bajo el seudónimo Thyon Lebic (anagrama de su nombre). Con una aguda sátira retrató el estilo de vida de las elites, jugó con los extensos apellidos y ridiculizaba el intento de imitar las costumbres europeas.
El 17 de noviembre de 1907 se publica un cuento corto en el Diario El Día, una joya casi perdida de la literatura y una excepcionalidad en su propio estilo. Titulado como “1932”, se trata de una obra de ciencia ficción, un viaje hacía el futuro. Narra la experiencia de un gaucho que vuelve a la ciudad de La Plata luego de vivir 25 años en el campo. Al mejor estilo de Julio Verne, se describe una ciudad con la mayor tecnología del momento: existen taxis que vuelan como helicópteros, se construyó una red de subterráneo, la Catedral posee las dos torres terminadas y la urbe es un gran Centro convenciones Culturales y Científicas.
Finalmente en 1916 publica su primer gran éxito: “Los Caranchos de Florida”, y en 1922 se imprime “El Ingles de los Güesos”; ambos llevados posteriormente al cine. En este último se platea una historia de amor. Balbina es una joven e inocente novia de un estanciero celoso llamado Santos Telmo, pero ella se enamora perdidamente de un antropólogo ingles que se encuentra de viaje. Es una trama apasionada que gira del odio al amor, de la alegre vida al desgano y el rencor, desde la inocencia hasta la cruda angustia de un indeseable destino.
Durante gran parte de la obra literaria, las letras de Lynch también grafican la violencia doméstica, la sumisión y los secretos de la moral. Suele afirmarse que durante su infancia pudo haber sido testigo y/o víctima de estas situaciones por parte de su padre, quien impuso su propio nombre a sus seis hijos varones. Además suele mencionarse que su madre Juana Beaulieu habría sido su protectora, confidente y guía.
En 1923 abandona su puesto cómo redactor en el Diario El Día y se dedica exclusivamente a su pasión por las letras. En total se publican 15 libros que recopilan más de 110 los cuentos dispersos en diarios y revistas. Su obra literaria es catapultada a niveles inimaginables y es reconocido por referentes de la literatura gauchesca como Horacio Quiroga, Manuel Galvez y Ricardo Guiraldes.
Pero en oposición a su fama, su vida comienza un recorrido hacía el encierro y la soledad. La muerte de madre (1937), el suicidio del hermano Armando (1935) y el presunto asesinato de su amigo Leopoldo, fueron algunas de las tragedias que lo fueron aislando. Se retiró absolutamente de la vida pública y literaria. Las habitaciones de su casa se fueron vaciando. Se rumoreaba que solo salía a la calle para ir al cine y para practicar boxeo o esgrima en el Club Gimnasia (GELP)
En el libro “Genio y Figura de Benito Lynch”, es descrito cómo una persona que repudiaba las apuestas por dinero, pues su hermano Roberto había perdido su estancia por su ludopatía. En sus gustos personales, amaba el mate y el té con limón, mientras rechazaba tajantemente el alcohol y el tabaco. Con el paso de los años su dieta se volvió cada vez más estricta, incluso habría llegó a afirmar que "luego de los 50 años un hombre no debe comer carne".
En 1941 rompe el silencio al publicarse el cuento “Medallas de Oro”. Por aquél entonces se lo consideraba como un autor ermitaño, un gran novelista oculto detrás de una gran verja. Pero la realidad es que jamás había dejado de escribir, escondiendo al menos dos novelas y media docena de cuentos inéditos al momento de su muerte.
Años antes, durante la dictadura del General Félix Uriburu se lo invitó a participar de la Academia Argentina de Letras, pero rechazó el cargo en repudio al camino totalitario que adoptaba el país. En 1938 el Consejo Superior de la Universidad Nacional de la Plata le otorgó el título de Doctor Honoris Causa, y Benito Lynch se planteó seriamente rechazarlo porque el Presidente del Consejo era su amigo y podría malinterpretarse la situación. Finalmente aceptó el galardón con la condición de que el diploma sea enviado a su casa, sin ceremonia alguna.
Continuamente fue invitado para cargos docentes dentro y fuera del país, pero jamás aceptó. Se rumoreaba que había cambiado su teléfono para evitar ser ubicado. Incluso habría dejado de autorizar nuevas impresiones de sus obras agotadas.
Cuándo en 1940 se estrena en el cine "El Inglés de los guesos", dirigida por Carlos Hugo Christensen, Benito no asiste al estreno. La fama lo fastidiaba, la vanidad no era parte de su carácter, pero si la vergüenza. Según su biógrafo, Petit de Murat, por momentos parecía que en su fuero íntimo deseaba que sus obras hayan sido escritas por otras personas.
Sordo y con la vista disminuida, en 1948 fue atropellado por un tranvía. Inmediatamente fue internado con una conmoción cerebral en el Instituto Médico Platense. Tres años más tarde volvió a ser internado por una molestia digestiva. Finalmente el 23 de diciembre de 1951 falleció por un avanzado cáncer en el estómago.
Casi como una tragicomedia, luego de vivir más de 60 años en ciudad de La Plata añorando la vida de campo, sus restos fueron trasladados la bóveda de la Familia Andrade, en el Cementerio de Recoleta de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
En su homenaje se colocó una placa en la antigua casona dónde vivió. La plazoleta de diagonal 77 entre 8 y 43 y la Escuela Media Número 34 fueron fue bautizadas con su nombre. Y finalmente el gran portón de hierro que lo recluyó durante sus últimos 20 años de vida, fue trasladado al Parque Saavedra bajo la sombra de los árboles que conforman el “El Rincón del Novelista”.
Cada vez que a un vago amigo le he preguntado dónde trabaja, me contestó:
– Tengo un empleo en La Plata.
Y tan frecuentemente he recibido esta contestación, qué llegué a formarme la idea de que la benemérita ciudad de La Plata era algo así cómo el vaciadero de toda la atorrancia porteña, el paraíso de los “fiacunes” que necesitan justificar un medio de vida. Ayer, después de arduas cavilaciones, resolví hacer un paseo hasta la ciudad ignota y desconocida.
Como es natural, en la estación no me esperaba ni una banda de música ni una comisión de vecinos distinguidos, por lo que pude inspeccionar la ciudad a mi antojo y sabor, es decir, darme cuenta con mis propios ojos de lo que, sin tratar de parecerme a los viajeros distinguidos, llamaré “magnífica ciudad”. Y lo es sin vueltas.
¿Cómo iniciaré el elogio de esta ciudad? ¿La llamaré la preferida de Dios, la elegida del Señor, el Refugio de la Sulamita (hay muchas y estupendas), el Jardín de la Fiaca? ¿Cómo iniciaré el elogio de esta ciudad magnífica, amplia, limpia, arbolada, soleada, asfaltada, sin mujeres feas, con edificios maravillosos, con tranvías que paran en mitad de la calle, con agentes del bien que podrían ser caballeros y que lo son por los modales? ¿Cómo elogiaré esta ciudad de cafés con mozos cordiales, con gente que camina sin apuros, con comerciantes que se recrean leyendo los letreros de sus comercios, con plazas sin atorrantes, con calles sin ómnibus, autos colectivos – ¡gracias al diablo! – con árboles por dónde se mire y con mujeres tan linda que se piensa que a las feas las tienen secuestradas bajo siete candados para que no estropeen la armonía de ese paisaje que lo constituye el todo y las partes de ese inefable paraíso de silencio?
¡Silencio, Sol, Árboles! Insisto: La Plata es el paraíso de los vagos, el templo de los enfermos de actividad, el gran específico para los neurasténicos, la tabla de salvación de los “esquenunes”. La Plata es la tierra de la promisión de todos los que sueñan con una vida de espaldas al Sol.
Me he quedado encantado con esta ciudad. Alguien me dice que es una ciudad de estudiantes… ¡Puede ser! Yo no he visto estudiantes en ninguna parte, sino gente pacífica, tranquila, que en los cafés hacen rueda desde temprano, como si su ocupación fuera balconear la vida y a los pájaros que picotean sus sombras en las veredas.
El Espectáculo.
Le inquiero al boletero del tranvía la dirección de una calle, e inmediatamente un bombero, una señora anciana, un caballero mulato, el motorman, un cabo de vigilantes y un vigilante, espontáneamente, se ofrecen a darme cuánto dato pido. Me quedo asombrado al comparar, instintivamente, la grosería porteña con la amabilidad de esta gente.
¿De dónde ha sacado la compañía de tranvías de La Plata personal tan adecuado? Yo no lo sé ni puedo explicármelo. ¡Si casi le piden disculpas a uno por cobrarle el boleto! El tranvía para mitad de cuadra, para dejar subir a una anciana que desde la distancia se agita como semáforo. Yo miro en rededor y un caballero anciano también, de barbas plateadas, me dice, con un orgullo me explicó ampliamente:
– Aquí, señor, no han podido prosperar los ómnibus.
– Ni prosperarán – dice otro que parece ser un “ave negra” cordial y espontánea.
Yo me agarro la cabeza. ¿Será posible encontrar gente tan civilizada, tan culta, a sesenta minutos de la Capital?
Entro a un almacén y pido hablar por teléfono. El hombre almacenero, me busca la dirección en la guía.
Salgo y recorro las calles.
Una limpieza especial, una limpieza de casa holandesa prima en todas partes. Los comerciantes estudian astronomía desde sus mostradores. Otros se pasean con las manos atrás, frente a los letreros de sus tiendas y miran a los letreros cómo si los letreros tuvieran santas leyendas. El Sol cae abundante y beneficioso sobre sus amplias espaldas. El silencio llueve sobre las plazas adornadas como para un día de fiesta. No se ven atorrantes ni para remedio.
Cafés y Vigilantes.
Los cafés están repletos de gente que hacen filosofía al margen de una tacita de achicoria. Los mozos parecen conocer a todo el mundo, porque veo que la gente se levanta de las mesas sin pagar, y en vez de ocurrir una tragedia cómo ocurriría en esta ciudad de filisteos, el mozo exclama:
– ¡Hasta luego, don Joaquín, o hasta luego Noy!
Y eso es todo.
Tigero, el compañero Tigero que me acompaña en esta excursión, me dice:
– Fijese en el vigilante que ha parado a aquél automóvil.
Yo me fijo y veo que el agente está procediendo por una infracción del “chauffeur”. El “crosta” menea el brazo y el bastón; la gente mira y trata de recoger las voces de aquel sermón largísimo y, al final, el infractor se va. El agente no le ha hecho ninguna boleta. Se ha limitado a darle una lección de buena crianza.
Yo miro en rededor y le digo a Tigero:
– Pero en esta ciudad, no se ven mujeres feas.
Las mujeres de La Plata son las más lindas del mundo – me contesta éste – y yo juro que eso es cierto. He estado desde las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde en esta ciudad de silencio, de sol, de belleza y de vagancia, he visto trescientas cincuenta y ocho mujeres, de las cuales doscientas cincuenta y ocho son liadísimas, sesenta regulares y el resto como para hacerle perder la cabeza a cualquiera.
Y yo he pensado:
– Si me tocarse la lotería o un empleo fácil y sustancioso, me vendría a vivir a La Plata. Mi espíritu se regocijaría ante el panorama que contemplarían ojos, y éstos estarían de garufa corrida, pues, cuándo no mirasen el cielo, que es lindo y azul, mirarían a las mujeres ¡que son más lindas todavía!
Sobre el Autor y la Ciudad
La ciudad de La Plata tenía menos de 50 años cuándo el reconocido escritor Roberto Arlt escribió su aguafuerte porteña. Si bien era la ciudad capital de la provincia de Buenos Aires, y un gran desafío de ingeniería, se trataba de un territorio desconocido y de pocos adeptos. Había sido fundada en 1882 cómo parte de la pacificación y federalización de la nación, pero la mayoría de los políticos no habían respaldado la idea. Incluso la mega crisis socio-económica de 1890 había perjudicado mucho el avance de las obras y el desarrollo en general.
Roberto Arlt, un escritor en apogeo de los años 20-30 se destacó por sus novelas, sus crónicas en el diario El Mundo y por su visión de la literatura. Siendo uno de los principales referentes del "Grupo de Boedo", sus textos abordan problemas sociales, los dramas de los movimientos obreros, la deshumanización, la opulencia, la desigualdad, ocurrencias de la vida cotidiana y otros temas de vanguardia. Pero parte de su éxito se debió también a su estilo de escritura única. Introdujo el uso de palabras populares, el lunfardo el humor ácido para escribir crónicas de contenido analítico. De aquí el concepto de "aguafuerte", una descripción fragmentada y fotográfica de la realidad con un tono impactante pero profundo, gracioso y serio a la vez.
El encuentro entre el gran novelista argentino y la capital bonaerense pudo haber marcado un giro. Los textos de Arlt suelen tener una impronta humorística negativa, abrumada, y por momentos con soberbia. Pero al llegar a La Plata encuentra la materialización opuesta al estilo de urbe que tanto critica en sus escritos. Se trata de una ciudad "culta", "de estudiantes", dónde aun no llegó el caos característicos de las grandes metrópolis. En la Ciudad de Buenos Aires vivían más de 1,5 millones de personas, se nucleaba casi toda oligarquía conservadora, comenzaba a proliferar los últranacionalismos fascistas, la violencia y se acentuaba la desigualdad social. En oposición La Plata tenía menos de 150 mil habitantes, en su mayoría obreros de origen inmigrante. La Universidad estaba muy lejos de ser lo que conocemos hoy, pero al igual que muchas de sus instituciones tenían una bajada y contacto permanente con el grueso de la población. Los decanos y directores eran profesores regulares, los estudiantes eran obreros, y las familias en general se reunían para fundar clubes deportivos y espacios culturales. Era una ciudad capital que apuntaba a la perfección de la modernidad europea, pero conservando la identidad popular criolla y la calidez de los pequeños barrios.