El Terremoto del Río de La Plata - 1888
“El maderamen de las casas crujía fuertemente, las lámparas se bamboleaban, los muebles se movían y los cuadros caían de las paredes. Se rompieron objetos de cristalería y se pudo ver porcelana saltando de los aparadores. Los habitantes han permanecido en vela parte de la noche”, narró con asombro el diario uruguayo Tribuna Popular en junio de 1888.
El día que el río tembló
La ciudad de La Plata tenía apenas seis años de vida cuando la tierra tembló y el río experimentó un inusual fenómeno de oleaje. Eran las 00:20 de la madrugada del 5 de junio de 1888. En ese preciso instante, el buque a vapor “Saturno”, que cruzaba el lecho en dirección a Colonia del Sacramento, sintió el impacto de la onda expansiva sobre el agua.
El sismo tuvo su epicentro a unos 36 km de La Plata y 15 km de Colonia, con una profundidad estimada de 30 km bajo el nivel del lecho del río. En aquellos años finales del siglo XIX, los estudios sismológicos en Latinoamérica daban sus primeros pasos, por lo que los datos técnicos eran escasos. Términos hoy comunes como "tsunami" o "maremoto" estaban totalmente fuera del vocabulario popular y académico de la región.
Según los registros oficiales uruguayos, el fenómeno tuvo una duración total de entre 45 y 58 segundos, divididos en tres etapas: un primer temblor de cinco segundos, una breve calma de tres segundos, y un movimiento final que fue incrementando su intensidad hasta volverse "muy fuerte" durante los últimos 15 segundos.
Ficha Técnica del Sismo
| Fecha: | 5 de junio de 1888 |
| Hora: | 00:20 AM |
| Magnitud: | 5.5 Richter (est.) |
| Intensidad: | VII Mercalli (Muy fuerte) |
| Tipo: | Sismo Intraplaca |
| Profundidad: | 30 km |
| Epicentro: | Lecho del Río de la Plata |
Distancias estimadas:
• A Colonia: 15 km
• A La Plata: 36 km
• A CABA: 42 km
Resistencia y asombro en la ciudad nueva
A pesar de haber alcanzado una magnitud estimada de 5,5° en la escala de Richter (y un grado VII o "Muy Fuerte" en la escala de Mercalli), no se registraron víctimas ni heridos en ninguna de las ciudades ribereñas. Los daños materiales fueron mínimos y se concentraron principalmente en elementos mobiliarios y ornamentales de las viviendas.
En 1888, La Plata se encontraba en plena ebullición constructiva y contaba con menos de 65.000 habitantes. Entre los edificios icónicos que ya estaban terminados o muy avanzados se encontraban el Palacio Municipal, la Basílica de San Ponciano, la Legislatura, el Museo de Ciencias Naturales y el Pasaje Dardo Rocha. Por su parte, la Catedral de la Inmaculada Concepción, que debido a su gran altura proyectada podría haber sido la estructura más vulnerable, recién se encontraba en sus primeras etapas de cimentación y elevación, lo que evitó posibles daños estructurales de gravedad.
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| Buque a Vapor Saturno |
¿Es correcto decir "Un Tsunami en el Río de la Plata"?
Aunque en 1888 la palabra era desconocida para los rioplatenses, el fenómeno físico existió. Testigos en las costas uruguayas relataron cómo el agua se retiró repentinamente de la orilla para luego regresar con fuerza, un comportamiento clásico de los maremotos. De hecho la palabra tsunami recién comenzó a popularizarse en el siglo XX
Hoy, la geología moderna confirma que el sismo de 5,5° tuvo la energía suficiente para generar este desplazamiento de agua, validando los relatos de una noche donde el río, literalmente, se salió de su cauce."
Un escudo antiguo bajo nuestros pies
En el imaginario colectivo, los terremotos se vinculan exclusivamente con las grandes cadenas montañosas, pero los sucesos de 1888 nos recuerdan que la Tierra está viva en todas sus latitudes. Sin embargo, tampoco sería exacto decir que "vivimos sobre una mina colosal, sobre un laboratorio vulcánico que trabaja silenciosamente" (La Nación, 6 de junio de 1888).
En realidad, nuestra región se asienta sobre el Cratón del Río de la Plata, una de las estructuras geológicas más antiguas y estables del planeta. Esta masa de roca ultra resistente funciona como un verdadero escudo antisísmico que absorbe la mayoría de las tensiones tectónicas. Pero este escudo no es indestructible; tiene "cicatrices" o fracturas antiguas, como la Falla de Punta del Este y la Subfalla del Río de la Plata.
Por suerte, en la Facultad de Astronomía y Ciencias Geofísicas existen sismógrafos y extensos registros ininterrumpidos que nos permiten comprender mejor el funcionamiento geológico de nuestro suelo.
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| Sismógrafo de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP |
Sismos intraplaca: El crujido interno
Lo que ocurrió en 1888 fue un fenómeno conocido como sismo intraplaca. Aunque estemos lejos de los bordes donde las placas chocan (como la Cordillera de los Andes), la Placa Sudamericana sufre una presión constante: es empujada desde el oeste por la Placa de Nazca y desde el este por la apertura del Océano Atlántico.
Esa tensión acumulada viaja por el interior de la placa y, eventualmente, busca alivio en los puntos más frágiles: las fallas internas del cratón. Es como una tabla de madera rígida que, al ser presionada en sus extremos, termina "crujiendo" por una pequeña grieta en su centro.
Un recordatorio necesario
Si bien esta zona es de baja sismicidad y no representa una prioridad crítica en la gestión de desastres socionaturales, los registros de 1848, 1888 y el más reciente de 2018 (con una magnitud de 3,8) nos quitan la venda del "riesgo cero". No estamos 100% protegidos, pero sí respaldados por rocas anteriores a la formación de los continentes actuales. Cada temblor es un recordatorio de que caminamos sobre un territorio infinitamente rico en historias geológicas que aún tienen mucho por decir.
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