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El Origen de Una Ciudad Verde

Visita La Plata | 19:15 | 0 comentarios

En cada cuadra de la ciudad hay una belleza latente que se siente, se respira y que llena de matices el paisaje urbano. Muchas veces los platenses los ignoramos por estar tan acostumbrados a verlos, pero al irnos los extrañamos. Incluso más de un pariente, turista o nuevo estudiante universitario los destaca ni bien llega a nuestras calles: son los miles y miles de árboles que forman parte de una historia nacida en 1882.

Corría los últimos años del siglo XIX cuándo el Dr Juan José Dardo Rocha emprendió el megaproyecto de fundar una ciudad capital y pacificar el país. Una gran urbe que no solo debía cumplir un rol administrativo, también debía ser un símbolo de modernidad y prosperidad. En aquellos años aun no existía el “ambientalismo” o el “ecologismo” cómo ideología, pero en 1882 el “higienismo” y el “conservacionismo” eran las creencias de vanguardia y modernidad. 
“Un rectángulo con una avenida cada seis cuadras, plazas en cada intersección y 8 grandes diagonales” es una resumida descripción del trazado, pero no explica el “porqué”. El secreto no está en el mito del oculto “666”, sino más bien en el concepto de los flujos. Una ciudad dónde las personas, el aire y el agua puedan fluir con facilidad como garantía de higiene.
La modernidad del siglo XIX requería un tráfico ágil de las personas y que estas disfruten de una salud urbana; lo cuál era un desafío para las viejas ciudades que se debían amoldar a la masiva industrialización. Pero al ser previamente planificada, La Plata pudo dar solución a estos problemas antes de ser construida. Los árboles, las avenidas y las plazas generan sombras, oxigenan, equilibran el medioambiente, embellecen y brindan espacios de entretenimiento.

  

El proyecto de una “Ciudad Verde” comenzó el 5 de junio de 1882 con la expropiación de las tierras de Martín Iraola, bautizadas como “Parque Buenos Aires”; el primer pulmón verde. A comienzos de 1885 el primer comisionado de la ciudad, Marcelino Aravena, dispuso la primera “arbolización con la plantación de palmeras del tipo pindó” originarios de la selva misionera, los cuales se colocaron en las avenidas 51 y 53. En forma paralela se inició la urbanización masiva del Paseo El Bosque, el cuál poseía el doble del tamaño actual.
Llegado el siglo XX la ciudad ya contaba con 16.000 árboles y 95 mil habitantes; un ejemplar cada 6 personas. En 1908 el comisionado Luis María Doyhenard apostó a un nuevo giro que marcaría a la ciudad para siempre, la importación de Tilos. Estos ejemplares no eran cualquier especie, sino una muy particular desarrollada en Alemania y que eran todo un éxito en Berlín, una de las ciudades más modernas del momento. Estos tilos germanos tienen un aroma particularmente intenso y un perfume muy característico, pero que a su vez poseen un polen que no genera alergia. Lamentablemente no poseen las virtudes medicinales que otras sub-especies.

   

La consciencia y el compromiso activo por una “ciudad verde” estuvieron vigentes desde el primer día, y con el paso del tiempo se consolidaron. 
En 1908 se inauguró el (ex) Jardín Zoológico y Botánico bajo la dirección del Dr Alfredo Plot, un renombrado conservacionista de especies. Aun con toda la carga negativa del concepto de “zoológico”, desde un inicio la visión fue ligeramente diferente. Según las mismas palabras del doctor debía ser “un ámbito capaz de brindar esparcimiento, instrucción, educación y cultura general a la población”. 
Su efecto fue indudable positivo, los vecinos de los diferentes barrios se organizaron para exigir y colaborar con la urbanización de plazas. En 1913 la “Unión Vecinal Zona Este” logró la urbanización de Plaza Matheu. Pronto le siguieron “Máximo Páz”, “José Paso”, “Bernardino Rivadavia” y “Parque Saavedra”.


 En 1920 llegaron los hermosos jacarandás que aun pintan la rambla de Diagonal 73. Y en abril de 1924 el concejal Manuel Chinchurreta logró un nuevo hito, la creación de una comisión municipal dedicada a inventariar el patrimonio forestal, preservarlo e implementar planes para su fomento. Una de sus tantas actividades incluyó la organización de exposiciones floricultura y arboricultura para celebrar el Cumpleaños de la Ciudad.
Por las veredas, plazas y rambas comenzaron a proliferar Palmeras, Cedros, Pinos, Araucarias, Ginkgo Biloba, Ibirá puitá guazú, Ficus y Castaños de Indias, entre otros. En 1936 se forestó la Plaza Paso, dónde el intendente Luís Berro plantaron un ombú como “árbol patrono de La Plata”. En algún momento se planificó que cada calle posea una única especie a modo de guía aromática: los naranjos de 47, las acacias blancas en calle 9, las Judeas en calle 8 y los patito dulce en calle 10.


No todos los proyectos forestales que se iniciaron en la ciudad llegaron a buen puerto. Los primeros tilos casi mueren en el viaje. El trazado urbano fuera del casco fundacional no pudo continuar con el régimen de plazas. Pero aun así se instaló y prosperó una costumbre, una pasión y una identidad por tener una “Ciudad Verde”. Actualmente viven decenas de miles de árboles, más de 100 especies diferentes, y tras una década sin ser censados se está encarando un nuevo registro en todo el Partido (2019).


El concepto de “ciudad verde” hace que la urbe sea más hermosa, bañada con colores intensos y musicalizada con las hojas que acarician el viento. Ese verde que arroja sombras en las veredas y expele una aromática frescura. Esa vida que nivela el calor verano, absorbe las lluvias y contrarresta algunos efectos negativos de la contaminación humana. Esos hermanos platenses que llevan 130 años de historia con nosotros y que tanto nos identifican.


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