Muchas veces se habla de las primeras personas que se mudaron a la ciudad de La Plata para trabajar en su construcción. Pero en el Cementerio de La Plata hay un destacado mausoleo de una persona que falleció diez antes de que se funde la ciudad. Su nombre es Manuel Hornos, quién fue unos de los generales más condecorados en las guerras por la unificación nacional.

Una página perdida de la historia.

Manuel Toribio Hornos Correa nació el 18 de julio de 1807 en la provincia de Entre Ríos. Pero si se mira la placa biográfica en el mausoleo, pareciera que su vida comenzó con la Rebelión de 1852, lo cual está muy lejos de ser cierto.

No existen datos exactos sobre su enrolamiento y sus primeros pasos dentro del Ejército porque en aquellos años se vivía la llamada “Anarquía del XX”. Por un lado crecía la feroz guerra civil entre unitarios y federales; mientras que en paralelo se desató la Guerra contra el Imperio del Brasil. Pero si es un hecho que el joven gaucho Manuel Hornos se alistó en las fuerzas del General y Gobernador entrerriano Lucio Norberto Mansilla, quién era héroe durante Invasiones Inglesas y la campaña del los Andes. Es difícil saber si el bautismo de fuego lo tuvo en el asedio a Montevideo, en la batallas contra Estanislao López (Santa Fé) o como parte de las tropas legalista frente a Rebelión Jordanista. Pero durante todo este tiempo Manuel Hornos siempre fue leal al gobernador Mansilla y habría tenido cercanía con el General Lavalle.

Según Leopoldo Lugones (h) en “La Historia de los Caballos”, ya en 1831 Manuel Hornos era un muy querido e importante oficial de caballería del Ejército Unitario. Su respeto emanaba por ser una persona carismática que lideraba las acciones de combate, por tener costumbres gauchescas y por sus eventuales reflexiones sobre la vida, la guerra, la paz y la muerte.
En el texto de Lugones se narra cómo estuvo a punto de ser fusilado por conspirar contra el General Echagüe, quien era leal al Restaurador Manuel de Rosas. Al ser reconocido por su carcelero (Epitacio Nuñez), pudo escapar a caballo y luego se embarcó rumbo a Uruguay.

Durante su exilio participó en la guerra civil de dicho país y conoció a otros caudillos (unitarios y federales) que se encontraban en situaciones similares. Eventualmente también participó en levantamientos menores durante la década del 40. Es muy probable que en estos años haya conocido a un joven Dardo Rocha, Bartolomé Mitre y Domingo Sarmiento y otros personajes centrales para la idea de “fundar una nueva capital”.

Al momento de gestarse la Batalla de Caseros, Manuel Hornos fue nombrado como Coronel de a 2° División de Caballería. La misma estaba compuesta por 600 hombres, siendo la columna más numerosa.

Una semilla platense.

Pese a haber nacido en la provincia de Entre Ríos, Manuel Hornos siempre estuvo más aliando a los intereses de la Provincia de Buenos Aires, el Partido Unitario y con la unificación de todo el territorio. En consecuencia participó en: la Rebelión Bonaerense (septiembre de 1852), el Combate de El Tala (1854), en la Batalla de Cepeda (1859) y en la Batalla de Pavón (1861) en el bando del General Bartolomé Mitre. También participó en la reorganización y traspaso de gobiernos locales militares hacía un esquema civil con Jueces de Paz (1). En forma paralela existía una figura porteña en asenso, nuevamente el Dr Dardo Rocha, quién tenía el rango de Teniente Primero y mensajero del General Antonio Susini.

Con el fin de la guerra civil y la unificación del actual territorio argentino, se procedió a la fusión de todos los ejércitos unitarios, federales y provinciales bajo un solo mando. De este modo Manuel Hornos fue nombrado como uno de los primeros Generales en la reunificada Confederación Argentina. Esta nueva realidad respondía al deseo del Presidente Mitre de evitar nuevos levantamientos armados mientras consolidaba la idea de un sistema federal (2).

Con 58 años, con una salud precaria y con más de 30 al servicio, el Brigadier General Manuel Hornos podría haber pasado sus últimos días como un alto mando militar retirado. Según la normativa del momento, le correspondía una pensión equivalente al 50% de su salario. Pero cuándo en 1865 comenzó la Guerra de la Triple Alianza, no dudó en tomar el mando en la vanguardia de la Guardia Nacional.

En abril de 1865 el Ejército de Paraguay invadió la Provincia de Corrientes, dando el inicio oficial de la guerra contra la Argentina. Casi en paralelo también comenzó una serie de levantamientos armados en contra de la Presidencia de Bartolomé Mitre. Frente a toda complejidad, el Brigadier General Manuel Hornos se puso al frente de la caballería en la Campaña de Corrientes. Junto al General Nicanor Cáceres, fueron los encargados de resistir la invasión, sofocar rebeliones internas y de recuperar el territorio perdido. En estos escenarios se cruzó con varios jóvenes oficiales que luego fundarían la ciudad de La Plata como base de una pacificación nacional definitiva.

Unidos en la Tragedia

La Guerra de la Triple Alianza tiene muchas páginas oscuras por las propias características de los combates, pero también por las intrigas políticas, las traiciones, la incompetencia y el posterior genocidio paraguayo. Una de esas historias ocurrió el 31 de enero 1866 durante la Batalla de Pehuajó.

El ejército paraguayo se había retirado de la provincia de Corrientes pero continuaba realizando ataques de hostigamientos. Fue entonces cuándo el Presidente Bartolomé Mitre llegó a la zona fronteriza y ordenó un contraataque definitivo. Con este fin se organizó una emboscada encabezada por el 5º Batallón de la 2ª División “Buenos Aires”, al mando del Teniente Coronel Carlos Keen, quién cayó en combate. En esta unidad también se encontraba Sargento Mayor Dardo Rocha (fundador de La Plata). Todo el operativo estaba bajo las órdenes del General Emilio Conessa.

Combate de Paso de la Patria - Acuarela de José I. Garmendia

La operación tenía graves fallos desde un inicio como antesala de la posterior masacre. El Batallón 5 estaba compuesto por milicianos con experiencia de caballería, pero se les ordenó cumplir el rol de Infantería sobre un terreno complejo. Posteriormente el silencio absoluto recomendado para estas operaciones fue incumplido, por lo cual las fuerzas adversarias se replegaron hasta sus posiciones defensivas originales. Peor aun, luego de perderse el factor sorpresa, el Coronel Conessa ordenó un avance generalizado y de frente hacía un adversario atrincherado. La derrota fue absoluta. El ejército argentino tuvo 900 bajas sobre un total de 1580 movilizados. Los defensores perdieron 170 combatientes de los 1150 emplazados.

Peor aun, mientras que el General Conessa dijo que las tropas paraguayas tenían la ventaja de “estar descalzos”, el Presidente Mitre habría frenado los refuerzos que otros altos mandos querían enviar, entre ellos la Caballería de Manuel Hornos. Según el Dr Carlos D’Amico (3) esto habría sido porque a Mitre le interesaba tener menos opositores bonaerenses. Aunque la mayoría de los historiadores modernos consideran que solo fue parte de la ineptitud y verticalidad del Mandatario como estratega.

Más allá de las conjeturas y las tragedias, como consecuencia de la Batalla de Pehuajó, el Dr Dardo Rocha (herido por cargar en vanguardia) recibió el beneplácito de Manuel Hornos. Posteriormente ambos estuvieron en la Batallas de: Estero Bellaco (2 de mayo), Tuyutí (24 de mayo) y Curupaytí (22 de septiembre). Estos fueron algunos de los combates más crudos de todo el conflicto, lo cual marcaría el impulso diplomático del Dr Dardo Rocha. También en estas acciones ocurrió la muerte de Dominguito Sarmiento, hijo del futuro Presidente Domingo Sarmiento.

Las tropas argentinas no habrían participado del Saqueo de Asunción (1869) ni tampoco tuvieron mucha participación en la Campaña de las Cordilleras (1869-70) dónde ocurrieron las mayores barbaries del conflicto. Para estos tiempos Manuel Hornos había sido ascendido a Brigadier General para repeler las nuevas revueltas en la Provincia de Entre Ríos. Por su parte Dardo Rocha comenzó la carrara legislativa para fundar una Nueva Ciudad Capital que sea sinónimo de Paz y Progreso.

Platense Post-Mortem.

Finalmente el 10 de agosto de 1870 el Brigadier General Manuel Hornos fue internado en el Hospital de Hombres y falleció el 15 de julio de 1871. Inmediatamente fue enterrado en el Cementerio de Recoleta, dónde Bartolomé Mitre dijo en su memoria: 

“Murió puro como nació, pobre como vivió. Su vida es un romance heroico, 
y su carrera militar una epopeya gloriosa”.

Su cuerpo descansó en la cuidad de Buenos Aires hasta que en octubre de 1907 se aprobó la Ley Provincial 3058 para que trasladado al Cementerio de La Plata. Al día de la fecha no existe un motivo exacto que haya motivado esta decisión. Pero existe el fuerte rumor de que en su última voluntad afirmó que quería descansar en la Futura Capital de la Provincia de Buenos Aires. Por consecuencia sus desciendes y amigos habrían promovido la iniciativa para que pases sus años como un Platense Post-Mortem.

La línea de descendencia del Manuel Hornos creció por dos vínculos amorosos que terminaron creciendo junto a la ciudad de La Plata. Primero se casó con Cecilia Romero López, con quien tuvo a su hija Ana del Pilar Hornos y Romero (1837-1867). Ella casó con Augusto María Rivero, pero no es seguro si hubo una descendencia directa (4). Posteriormente Manuel también se vinculó con María de Souza, dando a luz a Teresa Hornos y Souza. Según la Ley 3058, fue su hija Teresa quién estuvo a cargo del traslado del cuerpo de su padre. Además el gobierno provincial entregó 10 mil pesos para colaborar en la construcción del mausoleo. Los arquitectos Coutaret y Torres eran de los más destacados del momento.

Teresa Hornos y Sousa se casó con Fausto Martínez, dando inicio a las ramas de Eusebia y de María Teresa Hornos-Martínez. María Teresa (nieta) se casó con Santiago J. Carbone. Existe la posibilidad de que dicho conyugue sea el mismo “Santiago J. Carbone” que ejerció como Concejal en la ciudad de La Plata en 1890 durante la gestión de Marcos Levalle. También hay relatos sobre de un “Santiago Juan Carbone” que fue invitado por el mismísimo Dardo Rocha para que instale el primer corralón en la ciudad de La Plata. Y por si no fuera poco, también se constataría la presencia de “Joaquina Argentina Rivero y Hornos” (5), descendiente de Ana del Pilar, con domicilio en City Bell.

Si bien el Brigadier General Manuel Hornos estuvo muy lejos de ver la fundación de la ciudad de La Plata, a su modo siempre estuvo presente. Como militar profesional luchó por el ideal de una Provincia de Buenos Aires integrada y pacificada con el resto del país. Posteriormente tuvo un indudable conoció a los personajes que impulsaron la idea de “Una Nueva Capital” (Mitre, Sarmiento y Dardo Rocha). Y finalmente al menos una parte de su descendencia vivió y creció en la ciudad de La Plata desde los primeros años de su fundación.


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(1) “El Ejército de la unificación. La nacionalización de la organización militar, entre Buenos Aires y la Confederación Argentina, 1862-1864” del Doctor en Historia Lucas Codesido (CONICET) - Revista Universitaria de Historia Militar Volumen 11, número 23, Año 2022, pp. 160-181 ISSN: 2254-6111

(2) La provincia de Buenos Aires y el Presidente Mitre habían sido referentes del ideal unitario en desmedro de los intereses de otras provincias. Al llegar a la presidencia intenta un esquema intermedio. Adopta el federalismo siempre y cuándo el Poder Nacional quede en la Ciudad de Buenos Aires, lo cual por consecuencia hizo que la Provincia de Buenos Aires pierda su capital original.

(3) “Buenos Aires, Sus Hombres, Sus Políticas” – Dr Carlos D’Amico

(4) Según el árbol genealógico virtual de geneanet, Augusto Rivero solo tuvo hijos con segunda esposa Vicente Herrera. Pero algunas otras fuentes sugieren que si existió una rama Rivero-Hornos que habría habitado en City Bell.

(5) Nota biográfica en memoria de Santiago Manuel Carbone – Diario El Día – 1° de Septiembre de 2014.


Pionera, Innovadora, Creativa, Incansable, Luchadora, Racionalista, Solidaria, Fanática de la Educación, Amante de la Naturaleza y del Mundo. Así era la Dra Juana Cortelezzi, la sabia platense que llegó a ser una eminencia en la geología.

Un 8 de marzo de 1887 nació Juana Cortelezzi, una de las primeras platenses y una de las principales científicas de la Argentina. Sus padres, Pedro Cartelezzi y Ana Marzola, eran inmigrantes recientemente llegados desde Italia. En particular, Don Pedro se desempeñó obrero de la construcción. Posteriormente el matrimonio tuvo otras hijas que también se consagraron a la vida universitaria: Sarah fue geóloga, María profesora de Dibujo y Cartógrafa, Ana zoóloga y Carmen profesora de Química y Mineralogía. Su hogar se encontraba en la calle 56 e/ 5 y 6.

En 1898 Juana Cortelezzi ingresó al flameante Colegio Nacional, hasta que en 1906 fue aceptada en la nueva Escuela del Museo de Ciencias Naturales. Siendo una estudiante muy destacada, al año siguiente comenzó a ejercer la docencia aun cuándo aun no tenía un el título. De este modo a partir de 1907 formó parte del Primer Plantel de Profesoras del nuevo Colegio Superior de Señoritas de la UNLP, actualmente conocido como Liceo Mercante. Dos años más tarde, 1909, Juana obtuvo sus dos primeros títulos como “Profesora de Ciencias Naturales y Química” y “Farmacéutica”.

Siguiendo los pasos del naturista Carlos Spegazzini, ella creía que a la ciencia había que salir a buscarla de manera directa en el Campo y que la educación es un proceso continuo. De este modo comenzó su especialización en Geología y Mineralogía dentro de la Universidad Nacional de La Plata, mientras revolucionaba el desarrollo de todas las instituciones educativas dónde trabajaba.

Una Geóloga Incansable

La Licenciada e Investigadora Paula E Bergero definió a Juana como “La encarnación del positivismo: curiosa, disciplinada, racional y amante de la naturaleza”.
Luego de estabilizar su carrera como docente de nivel medio, en 1920 comenzó a ser la profesora de las Práctica Pedagógica de Mineralogía y Geología en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP. En 1928 fue ascendió a Jefa de Trabajos Prácticos. Y finalmente en 1933 ganó el concurso para el cargo de Profesor Titular en la cátedra de Mineralogía y Petrografía, convirtiéndose en la Primera Mujer en lograr una titularidad dentro de la UNLP; una meta que aun hoy es considerada como un gran honor.

Como etapa previa, en 1927, Juana se había Doctorado en Ciencias Química con la Tesis “El ámbar de Magallanes”, dirigida por el Dr Walter Schiller. Este fue un documento angular porque fue el primer análisis sobre un ámbar sudamericano. La histórica pieza había sido encontrada en 1911 en la Patagonia, siendo la primera halladas en la región, pero nunca había sido clasificada como tal. Gracias a su trabajo pudo ser datada como un elemento del Periodo Terciario Inferior.

Otro de sus trabajos memorables es “Cristales de Carborundum” (1934). Posteriormente también logró exponer sus trabajos en revistas internacionales como el Centralflatt für Mineralogic, el Boletín de la Société Chiroique de France, los Anales de la Asociación Química Argentina, y la Revista de la Facultad de Química y Farmacia.

Esta infinita experiencia y pasión por las Ciencias Naturales le permitió recorrer varias universidades europeas y norteamericanas, dónde aprovechó para perfeccionarse y traer nuevos métodos de estudio. Incluso en 1936 fue designada “Embajadora de la UNLP” para asistir a los actos por “Los 550 años de la fundación de la Universidad de Heidelberg”, la cual es considerada la institución más prestigiosa del mundo en temas geológicos y dónde previamente había realizado tres proyectos de estudio y perfeccionamiento (1932, 1933 y 1936)

Un dato de color es entre sus amistades y mentores estuvieron la botánica Carolina Spegazzini (hija de Carlos Spegazzini) y el Dr Walter Schiller, el mayor experto del momento en el estudio del Cerro Aconcagua, el pico más alto del continente americano. Incluso en 1940, oficialmente jubilada y con 53 años, participó de un ascenso científico Aconcagua junto a Schiller y Hans Link.

La Señorita Cortelezzi

La Dra Juana Cortelezzi podría haber pasado toda su vida como una prestigiosa mujer de la geología, envuelta en la magnificencia de la vida universitaria y los viajes; pero ella era mucho más. A su modo también fue una mujer que trabajaba y luchaba para que las mujeres tengan las mismas posibilidades que los hombres dentro de la educación.

Elsa Hounie, una ex alumna del Colegio de Señoritas, al ser entrevistada por la Licenciada Paula E Bergero recordó: “No la llamábamos, con la irreverencia propia de nuestros 15 años hacia las profesoras que habían llegado a los 40, la vieja de Mineralogía, sino que la nombrábamos señorita Cortelezzi, lo que encierra todo un juicio de valoración. En la cátedra era exigente: nos tenía locas”.

Mientras Juana no paraba de ascender dentro del Museo de Ciencias Naturales, jamás abandonó la educación media. Incluso tenía sus propias ideas las cuales plasmó en su trabajo “Espíritu, doctrina y método de la Botánica" (1908) y que fue perfeccionando con el tiempo. 

Entre 1907 y 1937 fue profesora de Botánica, zoología y mineralogía en el Liceo, y entre los años 1934 y 1939 fue la Directora del establecimiento. Su obsesión fue modernizar los esquemas para optimizar el desempeño general e incentivar el ingreso a estudios superiores. También comprendía la importancia de salud física de las estudiantes y la necesidad de tener uniformes adecuados al uso y no a la imagen. Para esto cambió el uniforme tipo “bombachón que bajaba de la rodilla, una blusa manga larga y encima una pollera tableada” por “una remera con un short” que permitía una mayor movilidad para el deporte. Además en sintonía con sus creencias y el espíritu reformista del momento, ella creía que las salidas escolares eran parte esencial del proceso educativo. De este modo organizaba excursiones por espacios naturales, museos, el Centro de Maternidad y la Escuela de Visitadoras de Higiene Social (UNLP). En particular le interesaba que las mujeres se animen a estudiar carreras dentro de la Facultad de Medicina.

También se dispuso reformar el entorno edilicio ampliando la biblioteca, gestionando nuevos espacios de trabajo, mejorar las comodidades para el estudiantado y donando valiosas obras de arte que incentivaran la curiosidad. Incluso promovió la creación de un Centro de ExAlumnas, escribió un Himno para el Colegio y recopiló un Archivo Fotográfico  para que se mantenga un nexo institucional.

Durante estos años también se la podía ver junto a grandes personalidades del momento como Alicia Moreau de Justo y Víctor Mercante.

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, la Dra Juana Cortelezzi también fue miembro de la Sociedad Científica Argentina, la Sociedad Ornitológica del Plata y Presidente de la Comisión Protectora del Preventorio para Niños Tuberculosos (1941). Esta última institución tenía a 50 infantes a su completo cuidado, desde la alimentación hasta su educación y cuidado sanitario.

Tras recorrer el mundo, luego de explorar la historia del planeta y abrir el futuro para cientos de infantes y mujeres adultas; falleció el 12 de julio de 1973. Sus restos descansan en el Cementerio de La Plata.


Homenajes:

- En 1982, en el marco del Centenario de la Fundación de la ciudad de La Plata, fue recordada como una de las “12 Personalidades del Siglo” por la Sociedad Argentina de Escritores.

- En 2023 fue elegida como una de las “Cinco Sabias de la UNLP", con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.


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Más info:

- "Juana Cortelezzi, Geóloga" por la Licenciada en Cs Físicas e Investigadora del Conicet Paula E. Bergero. Año 2022.
- Archivo Fotográfico Digital sobre el Colegio Liceo Mercante de la Universidad Nacional de La Plata.
- Libro "Mujeres de las Piedras" de Fernanda Castaño y Sebastián Apesteguia. Fundación de Historia Natural Azara.
- "Mujeres en la Geología", publicación especial de la Asociación de Geología Argentina. Revista Digital N°14. Año 2021.

En el microcentro platense hay muchos hermosos edificios patrimoniales, pero hay uno que destaca por su excéntrica y romántica estética; casi como una oda hacía la vida de su más famoso propietario: El poeta Francisco López Merino.

Ubicado en la calle 49 entre diagonal 74 y calle 12, el Palacio López Merino comenzó a construirse en 1905 bajo la dirección del arquitecto Francisco Villar. Este profesional había sido contratado por el matrimonio Francisco Toribio López y América Merino, quien el 6 de julio de 1904 había dado a luz a Francisco, uno de los poetas más destacados de su época.

El mismo “Pachito”, como le decían sus amigos, afirmó: “He nacido en La Plata, ciudad de silencio uniforme, de calles soleadas, de cielos claros, el 6 de julio de 1904. Bajo estos cielos he estudiado las cosas esenciales y escrito versos desde niño. Amo de veras la paz remansada que se difunde por su atmósfera, y el dilatado ocio que convierte los días de la semana en un domingo perpetuo”.

Este inmenso Palacio fue terminado de construir en 1911, y estaba muy lejos de pasar desapercibido. Con una superficie edificada de 1.400 m2 distribuidos en cuatro plantas con 33 habitaciones, el lugar fue pensado y usado como una vivienda unifamiliar. Aquí fue donde Francisco vivió, creció y escribió gran parte de sus escritos; junto a sus padres y sus cinco hermanas.

Pero más allá del contraste voluminoso y pomposo del Palacio con el entorno, su arquitectura era una revolución para el momento porque es la suma de tres corrientes ideológicas del arte que se enfrentaban a un incipiente minimalismo: Románticas, Pintoresquistas y el Art Nouveau. Curiosamente estos detalles también aparecen en las prosas escritas por Panchito Merino.

La Pasión del Contraste.

El aspecto Pintoresco se basa en el abandono de la simetría clásica a favor de los contrastes volumétricos y quiebres de cubiertas (Aliata-Liernur, 2004: 68); lo cual queda en evidencia por las dos inmensas torres oblicuas que funcionan como ingreso principal. A su vez ambas subestructuras son completamente diferentes entre si por sus ventanas, los ángulos de los arcos y hasta por las respectivas cúpulas. El tejado de la izquierda tiene una terminación recta similar al modelo victoriano, mientras que a la derecha la culminación es tiene una forma acampanada propio del estilo renacentista francés.
Por su parte, las letras de Francisco Merino no se caracterizan por romper la simetría estructural, pero si juega muy fuerte con el contraste de las de los sentidos y emociones de cada frase. Por un lado habla del amor, la felicidad, la belleza, las esperanzas y los vínculos afectivos; pero por debajo siempre hay una latente oscuridad que mantiene al autor alejado de aquellas virtudes que otros disfrutan:

“Mis primas, los domingos, vienen a cortar rosas
y a pedirme algún libro de versos en francés.
(…)
Mis primas, cuando llueve, no vienen. Dulcemente
aparto los capullos que el viento hará caer;”

El Amor por la Naturaleza.

Por su parte el Art Nouveau era otra corriente vanguardista que buscaba construir una unión entre la ciudad y la naturaleza mediante el uso de ornamentos florales, curvas y figuras estilistas. Fue una línea artística moderna que buscaba romper con la frialdad visual propia de la edad industrial. Mirando en detalle la estética del Palacio se pueden encontrar muchas formas alegóricas de flores y hojas fusionadas a las ventanas, balcones, las pilastras, los capiteles e incluso en las tejas del mirador.
Del mismo modo, entre la biografía personal y la bibliografía de López Merino se puede identificar una constante; su amor por la naturaleza. Un elemento que suele aparecer descrito al detalle cuándo narra los  entorno o cuándo utiliza la naturaleza para expresar un sentimiento mediante metáforas, sinestesias, oximorones y personificaciones.

"Anda la primavera por las calles
poniendo suaves pinceladas verdes
en los gajos desnudos de los árboles,
reverdeciendo el césped de las plazas...
Anda, la primavera por las calles..."

Una Esperanza en la Nostalgia.

Finalmente el aspecto Romántico nace como un rescate de los estilos artísticos del pasado (Neo-gótico, Neo-románico y Neo-bizantino) y la importancia de los grandes jardines en el torno de la vivienda. Esta línea de pensamiento nace como oposición al movimiento minimalista que defendía las geometrías y fachadas homogéneas y limpias. Es decir que se busca mezclar los antiguos estilos personalizados en dirección al eclecticismo. Del barroco se define la carga ornamental, del gótico se toma la prominencia de los ventanales laterales y el culto a la altura, el renacimiento moldea los techos, los capiteles recuperan el clásico grecolatino compuesto y las madera embellecen los interiores. En pocas palabras, esta arquitectura es un anhelo hacía las composiciones del pasado.

Y si se habla de la nostalgia por algo que quedó atrás, Francisco López Merino era una experto en el tema. Detrás de todas sus la palabras mencionando las bellezas del mundo y los momentos compartidos con sus afectos; siempre yace la carencia y lucha por algo que se perdió hace mucho o que jamás conoció.

"En los largos crepúsculos profundos
poblados de un recóndito silencio,
recuerdo el verso aquel que me emociona:
la hora en que se agravan los enfermos…"

Las Parábolas de la Vida

Tristemente, pero fiel a su estilo, el 22 de mayo de 1928, López Merino se juntó con sus amigos en la confitería del viejo Jockey Club de La Plata. Luego de brindar y mantener algunas charlas con total normalidad anunció que se dirigía al baño. Todo continuó como si nada, como un martes más de la semana; hasta que un disparo retumbó en el baño y se extendió por toda la ciudad como sordo y eterno  eco de silencio. Francisco López Merino, de solo 23 años, se había suicidado.

Su amigo personal Jorge Luis Borges narró a los pocos días:

Camina por la calle 49; piensa que nunca atravesará tal o cual zaguán lateral.
Sin que lo sospecharan, se ha despedido ya de muchos amigos.
Piensa lo que nunca sabrá, si el día siguiente será un día de lluvia.
Se cruza con un conocido y le hace una broma. 
Sabe que este episodio será, durante algún tiempo, una anécdota.

Por su parte, el gran jardín Palacio López Merino fue loteado y sepultado bajo toneladas de hormigón, acero y cemento; mientras que sus seres queridos lucharon para que el edificio no caiga bajo el mismo cruel destino. Desde entonces se lo comenzó a llamar “Palacio López Merino". 
Luego de pasar por varias manos privadas, en 1962 la Municipalidad de La Plata adquirió el edificio para el funcionamiento de varias oficinas gubernamentales. Con el retorno de la democracia, en 1986 pudo ser Declarado Patrimonio Arquitectónico de la ciudad. Y diez años más tarde la poesía revivió en su interior con la fundación del “Complejo Bibliotecario Municipal Palacio López Merino”. Con cuatro bibliotecas y una hemeroteca, aquí se conservan más de 65.000 libros, fotografías, videoclips y documentos. Incluso se transformó en un semillero cultural para la promoción de la literatura y la música local.

En el año 2011 el edificio también fue declarado como Patrimonio Cultural de la Provincia de Buenos Aires. Mientras que en el 2021 el Consejo Deliberante de La Plata aprobó que el 6 de julio sea considerado el “Día del Escritor Platense” en homenaje del natalicio de Panchito López Merino.

    



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En La Plata existen muchas historias protagonizadas por mujeres que merecen ser contadas. Pero también como pasa en muchos lados, el rol de la mujer a veces ha sido injustamente invisibilizado. Por eso en esta importante ocasión, es bueno recordar la huella de 5 mujeres platenses que revolucionaron las ciencias, el arte y la política.

🚑 Sor María Ludovica.

Siendo probablemente la más conocida, María Loudovica nació el 24 de octubre de 1880 en Italia. Tras iniciar una vida dedicada la Iglesia Católica, llegó a nuestra ciudad en 1908 como una joven misionera (18) y cocinera en el Hospital de Niños. En aquél entonces este se reducía a una alambrada, un portón, dos salas de madera y unas sesenta camas. Si bien ella se presentaba como persona de pocas capacidades y saberes, pronto destacó por sus cualidades humanas, las facilidades administrativas y por tener una visión aguda. En muy poco tiempo fue ascendida a Consejera Administrativa mientras que en simultáneo comenzó a brindar asistencia como enfermera.
Cuenta la primera anécdota que cuándo en 1915 falleció la Madre Superiora, responsable del Hospital, todos los principales médicos y trabajadores corrieron a solicita que María sea nombrada como la nueva Directora. 

Aunque Sor Ludovica no se sentía preparada para dicho cargo, fue quien convirtió la Institución en la magnifica joya que es hoy. A partir de diversos convenios, acuerdos con el gobierno, medios de control y muchas colectas; generó una transformación completa. No solo se construyó el actual edificio, sino que además consiguió la mejor tecnología del momento, creo espacios de acompañamiento familiar y brindó un hogar para los niños enfermos que eran abandonados.

Una segunda anécdota es que en 1951 el gobierno decretó el bautismo de la institución en su homenaje. Pero siendo una tana-platense de carácter muy fuerte replicó: “¿Con quién me confundieron? Yo soy una religiosa... rompan ese decreto. Si no lo hacen, sepan que mañana mismo me voy para Italia”. Dicho y hecho, se postergó el bautismo durante varios años.
Por su parte el Vaticano Beatificó a Sor María Ludovica en el año 2005. Sus restos descansan en una capilla dentro de la Catedral de La Plata junto a unos hermosos vitrales.

📗 Mary Olstine Graham.

Homenajeada con la Escuela Normal I, Mary nació en Saint Louis (EEUU) el 13 de agosto de 1842 y cursó allí el magisterio. Contratada por el ex Presidente Domingo Faustino Sarmiento, llegó al país en 1879 para dictar clases en San Juan. Tras haber instalado las bases del sistema educativo nacional, se mudó a la ciudad de La Plata para encabezar junto a Nicolás Achával las bases en la provincia de Buenos Aires.

El proceso de crear las bases educativas bonaerenses particularmente difícil porque el gobierno nacional se negaba a brindar los fondos y permisos necesarios para creación de escuelas para la ciudad. Esto se debía a la puja electoral entre el Presidente Roca y el Gobernador Dr Dardo Rocha. Aun así Mary se hizo cargo de uno de los principales colegios y lo transformó en un emblema. En menos de tres años la institución ya tenía sus primeras ocho egresadas como maestras platenses. Un árbol que crecería alimentando a todas las escuelas medias de la región.

Mary Graham fue una incansable y comprometida educadora que ejerció la Dirección del Normal hasta sus últimos días en 1902. Amanda por los vecinos, amigos y egresadas; fue homenajeada en 1923 cuándo se colocó la Piedra Fundamental del actual edificio. Algunos de sus objetos personales se conservan en la Sala Museo del Colegio.

🎵 Mercedes Simone.

Exitosa y Pionera en casi todo lo que se propuso, Mercedes nació en La Plata el 21 de abril de 1904. Desde muy joven sintió una pasión por la música participando en el coro escolar, tomando clases y cantando en bares. Durante un trabajo en la imprenta “Benitez & Charlone” conoció a su esposo, con quien pudo organizar una gira por Azul, Olavaria, Tandil, Tres Arroyos y Bahía Blanca. La magnífica y equilibrada voz mezzo-soprano de Mercedes se convirtió en una leyenda, y pronto consiguió debutar en el Teatro Ópera de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En este tiempo conoció a Rosita Quiroga, la primera cantante arrabalera, quien la introdujo en las grandes ligas de la música.

Su carrera, voz y creaciones tenían una identidad propia. Su actitud pública iba contracorriente, lo cual por momentos desconcertaba y era vista con recelo. Se alejó del tango gardeliano, de las historias machistas y de los estereotipos de mujer tanguera. Ella quería implantar un nuevo estilo y enfoques hacía la melancolía, el amor, la soledad y la muerte. Incluso en 1937 sorprendió al adaptar y grabar el Vals Hungaro “Domingo Triste” en versión tango.

Con una carrera continuamente en asenso, participó en la película “¡Tango!”, el primer largometraje nacional grabado con sonido integrado. Al año siguiente protagonizó “La vuelta de Rocha” y otros títulos; consagrándola como cantante y actriz. Recorrió prácticamente toda Latinoamérica, y fue durante su visita a México recibió el apodo "La Dama del Tango".

💥 Salvadora Onrubia.

¿Quién dijo que una mujer no puede vestir de gala, encabezar un diario exitoso privado y ser la más férrea militante anarquista del momento? Si alguien afirma que es imposible, es porque no conoce la vida de Salvadora, quien nació el 23 de marzo de 1894 en La Plata.
Ya en su adolescencia ejercía la docencia popular, el amor por las letras y una intensa militancia anarquista. A los 15 años comenzó una amistad por correspondencia con Simón Radowitzky e incluso planificó sus dos intentos de fuga.

Siendo una muy orgullosa madre soltera, se mudó a la Ciudad de Buenos Aires y comenzó a trabajar en el diario anarquista La Protesta. Luego de tener algunos cruces periodísticos Natalio Botana, el dueño del diario La Crítica, sorprendieron al mundo al convertirse en una feliz pareja (1919). En sus memorias Salvadora recordó: “Primero hubo insultos, después amistad. Salimos a pasear por Palermo y ya no nos separamos más”.

Muchos habrían apostado por su aburguesamiento ahora que podía codearse con alta oligarquía porteña, pero esa no era Salvadora Onrubia. Ella concurría a las acaudaladas cenas de gala por su profesión, pero luego corría al Sindicato para estar codo a codo con los trabajadores y con las asambleas feministas que exigían el sufragio universal y otros derechos básicos.

Con la llegada del Golpe de Estado de 1930 comenzó la etapa más dura de su vida. Ella fue una de las primeras presas políticas Felix Uriburu. Se juntaron cientos de firmas para que el Dictador la perdone, pero ella misma desafió el momento diciendo que no necesitaba el perdón de nadie. Incluso desafió al tirano afirmando “yo lo autorizo a que se ensañe conmigo si eso le hace sentirse más General y más Presidente”.

✨ Virpi Sinikka Niemelä.

Corría el año 1952 cuándo llegó a nuestra ciudad una adolescente finlandesa que revolucionaría el Paseo El Bosque y las Estrellas. Tras una breve estadía en la ciudad de Tandil, volvió a nuestra ciudad dispuesta terminar el secundario y comenzar estudiar ingeniería química en la UNLP, mientras que en paralelo también se anotó en la Facultad de Astronomía. En teoría una sería su oficio y la otra su pasión, pero lamentablemente fue víctima de la discriminación patriarcal cuándo una empresa farmacéutica la contrató pensado que era hombre. Cuándo la vieron personalmente cancelaron la contratación y ella abandonó sus estudios en química. Lejos de rendirse, ella completo sus estudios en astronomía y continuó para obtener un Doctorado, una Maestría y un invaluable reconocimiento internacional por sus descubrimientos.

A lo largo de su carrera publicó más de cien trabajos en revistas internacionales con arbitraje y 140 en actas de congresos nacionales e internacionales. Su especialidad fueron las novedosas estrellas masivas y binarias, dónde también pudo estudiar la formación de los primeros elementos pesados y los vientos estelares. Todos estos temas aun son muy vigentes en la comunidad.

En 1979 volvió a ser víctima de la opresión, esta vez por el ataque de la Dictadura contra los científicos y la comunidad universitaria, quien la depuso de su cargo como profesora e investigadora. Aun así su nombre tenía tanto cariño y prestigio que en 1990 los astrónomos del Observatorio El Leoncito (San Juan) bautizaron un asteroide en su honor. También en la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísica de La Plata es recordada con uno de los mayores telescopios de la institución.

Se podría escribir largo y tendido sobre otras muchas mujeres que gran realizado grandes aportes desde nuestra ciudad. Algunas son más conocidas que otras por el campo de especialidad donde se desempeñaron o por las oportunidades/tragedias que les tocó vivir. Aquí solo se mencionan cinco, pero también se podría haber hablando de Irene Bernasconi (biologa), Las Hermanas Cartelezzi, Silvina Bullrich (escritora y periodista), Blanca Podestá, Nelly Quel (actriz y cantante), Paula Arana y muchísimas otras platenses. Incluso a todas aquellas madres, hijas, tías, abuelas, artistas, compañeras de trabajo/estudio y militantes de un partido/asamblea que todos conocemos.

Todas son importantes y merecen tener más visibilización. Más en una ciudad dónde ninguna de las plazas y plazoletas ubicadas dentro del Casco Urbano tienen nombre de mujer. Y peor aun, de todas las calles numeradas, las cuales también tienen un nombre propio, tampoco han sido bautizadas en tributo a alguna mujer.


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En varios rincones de la ciudad hay un rostro que observa en silencio, a la espera de que algo suceda. No busca venganza ni nuevos horrores; solo espera por Justicia. Lo vemos las Plaza San Martín y Moreno, en el Edificio Karakachoff, en casi todas las Facultades, por la avenida 44 y en el mayor Centro Cultura de la localidad de Los Hornos. Su nombre es Jorge Julio López, siempre presente, nunca ausente.

El 18 de septiembre del 2006 no fue un día cualquiera. Después de ocho años de lucha jurídica, los Juicios por el genocidio perpetrado durante la última dictadura militar llegaban a un punto de inflexión. El asesino Miguel Osvaldo Etchecolatz estaba obligado a presenciar los alegatos finales. Por primera vez vería cara a cara a algunas de sus víctimas, y al día siguiente escucharía la condena. Pero esa mañana algo muy trágico ocurrió. El ex albañil Jorge Julio López, testigo clave de la causa, no estaba presente. Había desaparecido en el barrio de Los Hornos. Su ausencia podía demorar la última etapa del juicio; y peor aun, podía transformarse un mensaje contra cualquier otro testigo.

En 1976 Argentina sufría una inmensa ola de odio y violencia política en las calles, lo cuál funcionó como la excusa perfecta para que las Fuerzas Armadas emprendan un Golpe de Estado y una feroz acción represiva. En este contexto, Julio López, de 46 años y peronista de toda la vida, frecuentaba la Unidad Básica “La Maestre”. Conocía a varios jóvenes que militaban en la Juventud Peronista y en la organización clandestina Montoneros; pero principalmente era un albañil que había realizado varias obras en dependencias policiales y militares. A ojos de los represores era alguien que sabía demasiado y con amistades peligrosas.


En diálogo con la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Rubén López, hijo de Jorge, cuenta que a los 12 años vio como el 27 octubre 1976, entre la 1:30 y las 2:00 de la mañana, una patota ingresó por la fuerza a su casa. Los golpearon y se llevaron a su padre. Junto a su madre buscaron al párroco de la iglesia San Benjamín, quien los acompañó hasta el Regimiento N°7 (actual Plaza Malvinas), pero la única respuesta que recibieron fue la amenaza de un fusil FAL. Jorge estuvo detenido y desaparecido hasta mediado de 1979. 
Tras regresar a su casa, con varias heridas mal sanadas y horribles recuerdos, Julio López se mantuvo en silencio durante casi 20 años. Celebró el retorno de la democracia (1983), pero no testificó en la CoNaDep. El cambio llegó cuándo el ex Presidente Dr Carlos Menem firmó los indultos. En absoluto secreto se relacionó con la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos y otras organizaciones. Sin avisarle a nadie, el 7 de julio de 1999 declaró como testigo en el Juicio por la Verdad de La Plata en la Cámara de Federal de Apelaciones. No solo narró sus tormentos, también fue testigo de fusilamientos y pudo identificar lugares claves para la causa.
En paralelo el país revisó y actualizó sus leyes, lo cual abrió una ventana mayor para juzgar penalmente los delitos de Lesa Humanidad. De este modo comenzó una segunda oportunidad, dónde el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 1 de La Plata abrió una causa contra Miguel Osvaldo Etchecolatz. En 1986 había sido sentenciado a 23 años de cárcel como responsable de haber ejecutado 91 tormentos y asesinatos, pero fue beneficiado por Ley de Obediencia Debida.

La nueva Causa Etchecolatz comenzó en el año 2006. Era el primer juicio contra la Dictadura desde 1986. Y más aun, el foco no estaba sobre un represor cualquiera. Miguel Etchecolatz había sido el Director General de Investigaciones de la Policía Bonaerense, había sido la mano derecha del General Ramón Camps, dirigió 21 Centros Clandestinos de Detención y fue el culpable de la Noche de los Lápices Rotos. Su condena o absolución significaban demasiado.

El 28 de junio de 2006, en el Salón Dorado del Palacio Municipal, Julio López dio un testimonio de casi 2 horas. Esta vez lo acompañó su familia, quien por primera vez pudo escuchar su historia. Aquel pasado 27 octubre 1976 fue arrastrado de su casa y le taparon la cara con su pulóver amarillo, sin apreciar que era un poco traslúcido. Fue así que pudo grabar en su memoria algunos rostros y voces, entre ellos Miguel Etchecolatz y Hugo Guallama. Luego de continuar un recorrido de operativos, los detenidos fueron trasladados al CCD Cuatrerismo dónde recibieron las primeras torturas. A los pocos días fueron llevados al CCD Pozo de Arana, en calle 137 esquina 640. Fue aquí dónde Julio López estuvo mayormente detenido, logrando identificar a varios torturadores. También en este lugar fue testigo del fusilamiento de Patricia Dell'Orto y Ambrosio de Marco, entre otras víctimas que no pudo identificar. Los sucesos abrían ocurrido el 8 o 9 de septiembre como venganza a un ataque subversivo contra una Departamental de la Policía. Uno de los ejecutores (no identificado), descrito como gangoso, emuló al ex Presidente Perón diciendo que mataría a cinco por cada uno de ellos. Poco antes de morir, sabiendo lo que ocurriría, Patricia le dijo “López, no me fallés. Si salís… el único que puede salir de nosotros sos vos. Andá, buscalos a mi mamá o a mi papá, a mis parientes, a mis hermanos y deciles… y dale un beso a mi hija, de parte mía”.


Julio López fue uno de los pocos testigos que sobrevivió y pudo identificar el CCD Pozo de Arana. No solo logró dar precisión sobre los espacios de demostraron la existencia y funcionamiento, sino que también dio paso al descubrimiento de una zona de fusilamiento. Un lugar dónde se encontraron 10 mil fracciones de restos óseos. El procedimiento era acumular los cuerpos, dinamitarlos con granadas y finalmente quemarlos antes de ser sepultados. Algunos eran fusilados, pero muchos otros morían torturados o por las pésimas condiciones de hacinamiento. Comían solo cada dos días, no se bañaban, hacían pozos para calentarse en invierno y proliferaban los hongos, piojos y la sarna.

Tras presenciar la masacre de Arana, Julio López fue trasladado a la CCD de la Comisaría Quinta (Diag 74 Nº 2873) y luego al CCD de la Comisaría Octava (Av 7 y 74). Aquí el cambio de las condiciones fue casi total. Primero pudo bañarse y afeitarse. También comía todos los días, dormía en un colchón y hasta le permitieron salir a patio para las Fiestas. En otras palabras, lo preparaban para blanquearlo, que parezca un preso común.
El 4 de abril de 1977 el dictador Rafael Videla puso a Disposición del Poder Ejecutivo a varios detenidos desaparecidos, es decir que los legalizaba. De este modo, de la nada, Julio López comenzó a figurar como detenido dentro de la Unidad 9 (Calle 76 e/9 y 11). Originalmente iba a ser llevado al Penal de Olmos, pero no había celdas disponibles. Y finalmente, dos años más tarde, volvió a su casa. Jamás dijo una palabra sobre lo que había pasado. Tenía miedo por la seguridad de su familia y vergüenza por haber sobrevivido.


Antes del 18 de septiembre de 2006, según contó Rubén López en diferentes entrevistas, su padre estaba muy entusiasmado por volver a Juicio y mirar a Miguel Etchecolatz durante los alegatos. El domingo 17 por la noche, luego de dejar la ropa lista sobre la mesa, estuvo mirando los resúmenes del fútbol y los goles de Boca Juniors. Pero algo pasó. Cuándo su hijo Hugo se despertó a las 7 de la mañana ya no estaba. Pensaron que tal vez solo había salido a caminar, pero se hicieron las 9 y no volvía. Era demasiado raro, era una persona muy puntual y de costumbres muy precisas.
A las 10 debía comenzar el juicio, y era imprescindible la presencia de los testigos. Pero con esta noticia creció la tensión, la confusión y el miedo. La familia hizo la denuncia en la Comisaría Tercera de Los Hornos, dónde todo se convulsionó al escuchar el apellido Etchecolatz. Los abogados lograron que el juicio no se frene, la policía se movilizó para la búsqueda y los teléfonos comenzaron a sonar por toda la ciudad de La Plata. Las Facultades, los sindicatos, los partidos políticos, los organismos de Derechos Humanos y muchas ONG también se pusieron en alerta y cesaron las actividades. Todos buscaban y luchaban por Julio López. Esa misma noche decenas de miles de personas marcharon pacíficamente desde Plaza San Martín hasta Plaza Moreno. La primera movilización, pero no la última. Cada año se repite para recordar que la búsqueda y el pedido de Justicia aun continua.
Cuatro testigos lo vieron caminando cerca de 140 y 66 en la mañana del 18. En su casa faltaba un yogui que usaba para dormir, el calzado laboral, su tradicional boina y un pulóver que solo usaba para salidas importantes. También faltaba un cuchillo pequeño. Por si no fuera poco, veinte días más tarde apareció su llavero tirado en el jardín, lo cual solo sumó incertidumbres.


Se realizaron decenas de rastrillajes y pericias. Se viajo hasta General Villegas, provincia de La Pampa, dónde nació y se encuentra enterrado su padre. Incluso hubo una pericia en la provincia de Misiones luego de una falsa alarma de la Aduana que había activada por un empleado negligente (familiar de un intendente). Su justificación fue que quiso “probar”, ver lo que pasaba si ponía los datos de Julio López en el sistema. Sea por impericias, por la presión del caso, por la actividad de organizaciones pro-dictadura, por encubridores, por personas mal intencionadas, por la falta de protección a testigos, o tal vez por de todo un poco; Jorge Julio López aun no volvió. Y si bien su rostro, su boina y su pulóver ya no están; la imagen aun camina por las calles de nuestra ciudad.

El 19 de septiembre de 2006 Miguel Osvaldo Etchecolatz fue encontrado culpable de homicidio calificado, privación ilegal de la libertad calificada y aplicación de tormentos contra 8 personas entre octubre y noviembre de 1976. Fue condenado a Cadena Perpetua y sin beneficio de prisión domiciliaria porque también se demostró que durante su arresto domiciliario previo mantenía ilegalmente una pistola y una “cantidad significativa de municiones". También estuvo involucrado en unas amenazas con un arma de fuego, aunque la defensa alegó que solo era de juguete.
Con el paso de los años sumó nuevas condenas por otros juicios vinculados. Durante el proceso de “La Cacha”, en el año 2014, fue sorprendido con un papel que decía “Jorge Julio López” y “Secuestrar”. 

Miguel Etchecolatz murió el 2 de julio de 2022 en la Unidad 34 de Campo de Mayo. En su contra tenía siete condenas a prisión perpetua y otros procesos judiciales en curso. Murió prácticamente solo y con el repudio semi-público de su propia ex hija, quien pidió el cambiarse el apellido en rechazo al represor.

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