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Plaza Felix Olazabal

Visita La Plata | 16:54 |


En la intersección de las avenidas 7 y 38 se encuentra una sencilla y elegante plaza que desde 1901 homenajea al General Félix Olazábal, uno de los más destacados oficiales del Ejército de los Andes. Participó de la independencia de Argentina, Chile, Perú y Ecuador. Pero como muchos otros líderes del momento, falleció exiliado y sumergido en la pobreza.


El espacio verde se encuentra divido en dos partes por el cruce de la avenida 7. 
Sobre la franja sudoeste se encuentra una pérgola y el monumento principal: “La Ganadería”. Este último fue realizado en mármol de carrara por el escultor francés Raymond Rivoire. Fue instalado en 1942, luego de haber sido previamente emplazado en Plaza Moreno (1914) y posteriormente en el Parque Castelli. Con un estilo clásico, consiste en una mujer reposada mientras sostiene espigas de trigo como si fuera un niño. A sus pies pueden observarse también racimos de uvas y otros productos agropecuarios.



En el plano de la ciudad la plaza se destaca por ser uno de los dos espacios verdes que mutaron y fueron fraccionados por el cruce una avenida. Aun así no perdió su belleza y esplendor. La amplia riqueza forestal le otorgan múltiples colores y áreas de sobras durante el verano.
Su pérgola, las escaleras, árboles y área de juegos infantiles la convierten en una excelente opción para los vecinos y transeúntes que buscan un espacio abierto de distensión y conexión con la naturaleza, aun estando a pocas cuadras del microcentro.




¿Quién fue el General Felix Olazabal?
Este espacio homenajea al General Felix Olazábal, un destacado oficial que brilló en el Ejército de los Andes del General José de San Martín, en las posteriores campañas militares en Perú y Ecuador. Un hombre que entregó absolutamente todo para defender la soberanía del país en la Guerra del Brasil, pero que lamentablemente fue traicionado por las vueltas de la política nacional. Un patriota que luchó por la independencia, la paz, el respeto y la libertad; una mente maestra que lamentablemente falleció exiliado y en la pobreza.
En 1813 se enroló en el ejército de las Provincias Unidas del Sur, y dos años más tarde participó de la fallida campaña del Alto Perú. Siendo parte de las tropas derrotadas en Venta y Media (1815) y y Sipe Sipe (1815), pronto se sumaron a las tropas del General San Martín. Desde aquí formó parte de las columnas que cruzaron la Cordillera de los Andes para combatir en Chacabuco (1817), Cancha Rayada (1818) y Maipú (1818).
Durante su estadía en Chile conoció una joven con la que se casó, mientras formó parte de las tropas que encabezaron la segunda campaña militar al sur de Chile, dónde lo realistas se habían reorganizado.
Tras consolidar la independencia de Perú, el General San Martín lo envió a Trujillo y Piura para organizar y encabezar los batallones de infantería del General Andrés Santa Cruz. Estos refuerzos fueron vitales para consolidar la soberanía peruana y expulsar a los españoles de Ecuador. 
Hizo la campaña del Perú a órdenes directas del general José de San Martín. Éste lo envió a Trujillo y Piura como comandante militar. Organizó un batallón de infantería de peruanos y ecuatorianos, con los que, a órdenes de Santa Cruz, hizo la campaña de Quito. Fue el jefe de infantería más destacado en la batalla de Pichincha, que decidió la caída de los realistas en el futuro Ecuador, por la rapidez con que ocupó las posiciones más altas que los realistas pretendían utilizar como base para la defensa. Fue ascendido a coronel por méritos de guerra.
Tras entregar largos años de su vida para consolidar la independencia de sudamericana, en 1824 volvió a Buenos Aires para organizar las tropas que participarían en la Guerra del Brasil, conflicto que se resolvió con la Independencia de la República del Uruguay.
A su retorno se involucró en la política interna del las Provincias Unidas del Sur, dónde una y otra vez terminó siendo víctima de sus propios aliados. En 1828 apoyó la revolución contra Dorrego, pero pronto entró en las listas negras del General Lavalle por expresar su oposición a los fusilamientos de opositores. Dos años más tarde brindó su apoyo al bando de Juan Manuel de Rosas, quien tampoco tardó en señalarlo como un traidor. Jaqueado por la presión política y la amenaza constante de “La Mazorca”, debió exiliarse a Uruguay. Aun sumido en la pobreza, al extremo de vender sus propias condecoraciones de la independencia, hizo un último esfuerzo por involucrarse en la política nacional. En 1839 encabezó una flota para ayudar la revolución de los “Libres del Sur”. si bien no pudo llegar a tiempo, su presencia fue vital para evacuar y exiliar a los derrotados en la batalla de Chascomus.
Sumido en la pobreza absoluta, rechazado por los rosistas y anti-rosistas; falleció exiliado en Montevideo en octubre de 1841.



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