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Dardo Rocha, el gran Fundador

Visita La Plata | 18:38 | 0 comentarios

Un incansable constructor del gran sueño: una moderna nación sustentada por el Estado de Derecho, el Trabajo, la Paz y la Libertad.

El 1° de septiembre de 1838 nació en la ciudad de Buenos Aires Juan José Carlos Jacinto Dardo Rocha Arana, pero a los pocos años su familia debió emigrar a Montevideo, Uruguay, por la persecución política del régimen rosista. Tras casi una década pudo retornar al país, termino sus estudios primarios y secundarios, y finalmente incursionó en Letras y Filosofía. Al cumplir 20 años, su padre Juan José Rosendo lo inició en la Gran Logia Masónica “Constancia” N°7.


En 1881 fue electo gobernador de la provincia de Buenos Aires. Durante su campaña electoral prometió construir un kilómetro de vías ferroviarias por cada día de gestión, ¡Y en verdad si lo cumplió! En tres años de gobierno construyó las líneas férreas a  Mar del Plata (399km), Benito Juárez (+160Km) y Bahía Blanca (680Km). También  mejoró la red caminera en más de dos mil kilómetros y extendió el telégrafo provincial a lo largo de ochocientos kilómetros. Palabras como construcción, desarrollo, comunicación, educación y modernidad definen su obra cumbre en todo el territorio bonaerense.
El gran monumento en Plaza Rocha resume sus creencias políticas y humanas en doce relives: “El despertar de la Creación”, “El Crecimiento de la población”, “La Armonía y la Sabiduría”, “La Paz Nacional”, “El Triunfo del Trabajo”, “La Constitución” y “La Pureza, y la Voluntad”.

Fue un político prodigio, un estadista destacado que primero atrajo la atención en la élite política del Partido Autonomista Nacional; pero pronto fue aislado por amenazar la status quo político-familiar de Roca-Celman, quienes además se oponían a la autonomía de la provincia de Buenos Aires. Pese a todo consolidó el Estado Provincial con una Capital, redes de comunicación, desarrollo económico, crecimiento demográfico, educación y un complejo cuerpo legal. A fin de cuentas su tesis doctoral había tratado sobre cómo la federalización absoluta era la única garantía para pacificar la nación.
Fue un estudioso de las leyes y la modernidad. Entre su legado se encuentran leyes proteccionistas de la agricultura y la ganadería, junto a la creación de la Escuela Santa Catalina y el Instituto Científico Superior para modernizar las formas de producción.

En sintonía con las principales corrientes ideológicas del mundo, y a contramano de la hegemonía nacional, tomó en sus manos postulados que hoy se considerarían “humanistas”. Promovió la igualdad de derechos en todo el territorio nacional, sin distinción de clases o región. Prohibió el uso del “cepo” en la Provincia como método de castigo, pues era una ofensa a la dignidad del hombre, muchas veces empleadas en forma arbitraria (decreto 465/1881). Este punto lo unió al gran político y literario José Hernández en la lucha por la revalorización de “los gauchos” (clase social baja y semi-nómades). Promovió el fin de la leva, servicio de frontera obligatorio para los gauchos, para remplazarlo por impuestos que financien una milicia profesional. Incluso en 1872 llegó a declarar en la legislatura qué los gauchos: “carecen de libertad, de justicia y de seguridad”. 
Años más tarde, en 1886, denunció como Senador Nacional la discriminación política-regionalista:

“No se olviden de que los que nacen aquí como los que nacen en cualquier provincia de la República, todos son argentinos y que su derecho y su propiedad es tan respetable, por la Constitución, para los que hayan nacido en las orillas del Río de La Plata como para los que hayan nacido en las faldas de Jujuy”.

Juan José Dardo Rocha fue un incansable luchador por la modernidad y el desarrollo del país; pero principalmente un promotor de valores humanos. Le preocupaba la Justicia, la Igualdad de Derechos, la Solidaridad y la Fraternidad de América Latina. Si bien tuvo un breve pasado como militar, impulsó la pacificación de las fronteras y las fluidas relaciones diplomáticas. Fue un personaje central para negociar la paz y las relaciones con Paraguay en 1870, frenar la escalada bélica con Chile en 1881, y reanudar la relación diplomática cordial con Bolivia en 1911.

Tras un incalculable legado, un 6 de septiembre de 1921 falleció en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Veinte años más tarde sus restos y los de su esposa Paula Aranda de Merino fueron trasladados para ser sepultados bajo la Catedral Inmaculada Concepción de La Plata por decisión de su propio hijo e intendente Carlos Rocha. 
En 1970, durante la dictadura militar del General Juan Carlos Onganía, se demolió la casa dónde falleció Dardo Rocha, la cuál poseía un gran valor arquitectónico neoclásico-renacentista, para la construcción de un shopping (Lavalle 835). Pero ningún gobierno democrático ni de facto pudo corromper ni destruir su obra material e intelectual por más que se lo intentó en numerosas ocasiones.


“Hemos dado a la nueva capital el nombre del río magnífico que la baña, y depositamos bajo esta piedra, esperando que aquí queden sepultadas para siempre, las rivalidades, los odios, los rencores, y todas las pasiones que han retardado por tanto tiempo la prosperidad de nuestro país”. (Dr. Juan José Dardo Rocha – 19 de noviembre de 1882).



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