El día que la UNLP dejó de Existir
Siendo hoy una de las universidades más importantes, modernas e influyentes de Latinoamérica, resulta casi imposible imaginar que, en algún momento de su historia, la Universidad Nacional de La Plata estuvo a punto de desaparecer para siempre. Sin embargo, el olvido es frágil y la amenaza fue real. Hubo un tiempo en que la institución fue asfixiada financieramente, su prestigio fue puesto en duda y la hostilidad llegó a tal punto que se judicializó la propiedad de una simple caja portapapeles, como si en ese pequeño objeto se dirimiera el destino final de la educación pública.
La agonía no fue accidental, sino el resultado de una persecución sistemática que buscaba silenciar las aulas platenses. Mientras el presupuesto se escurría como arena entre los dedos de los decanos, la UNLP comenzó a librar una batalla silenciosa contra el desfinanciamiento y la indiferencia política. No era solo una crisis económica; era un intento de borrar del mapa bonaerense un faro de pensamiento crítico que resultaba incómodo para el poder de turno.
La Idea de una Ciudad Universitaria.
Cuando en 1882 se fundó La Plata, no se trazaron simplemente calles y diagonales; se proyectó un símbolo de la modernidad. Bajo esa premisa, la ciudad nació dotada de instituciones científicas de vanguardia como el Museo de Ciencias Naturales, el Observatorio y la Escuela de Parteras. Eran piezas de un rompecabezas que clamaban por una pieza central: la fundación de una Universidad.
Sin embargo, el sueño platense chocó de frente con el poder central. El presidente Julio Argentino Roca se oponía ferozmente al proyecto (1), impulsado por su encarnizada rivalidad con el gobernador Dardo Rocha, quien asomaba como un competidor peligroso para las presidenciales de 1886. En ese juego de tronos, el gobierno nacional no solo retaceó el respaldo para la nueva casa de estudios, sino que se negó incluso a fundar un Colegio Nacional, mientras orquestaba una campaña de propaganda difamatoria para desprestigiar el incipiente polo cultural bonaerense.
La excusa oficial era tan simple como asfixiante: se argumentaba que, existiendo la UBA, cualquier otro intento era redundante. Fue en ese clima de hostilidad cuando el diputado Pedro Bourel, en una sesión histórica el 7 de agosto de 1889, alzó la voz para romper el cerco:
“Sostener, pues, que porque existe una universidad en la Capital Federal no debe crearse otra aquí, es sostener que aquellos jóvenes desprovistos de fortuna deben quedar privados de los beneficios de la instrucción, privando a la vez al país de los beneficios que reporta la difusión de las letras”.
Con esas palabras, que hoy resuenan con una vigencia estremecedora, comenzó a gestarse la Universidad de La Plata (3). Una institución que nació no solo de la planificación, sino de la resistencia ante un poder que prefería el silencio a la expansión del conocimiento.
Remar en Dulce de Leche.
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| Rectorado de la UNLP |
Ante la deserción del Gobierno Nacional, la gestión bonaerense tomó las riendas de su propio destino educativo. En diciembre de 1889, el senador Rafael Hernández encabezó la batalla para crear la “Universidad Provincial de La Plata”. Sin embargo, el camino estaba minado: las elecciones de 1887 habían ungido como gobernador al Dr. Máximo Paz —primo de Julio Roca—, quien, en una maniobra de asfixia política, promulgó la ley pero jamás decretó su implementación.
La hostilidad no se detuvo allí. En 1891, el senador roquista Antonio Bermejo propuso cerrar la Facultad de Agronomía y Veterinaria, a pesar de que era la única institución de educación superior en la provincia (3) y la primera en su tipo en todo el país desde su origen en 1883.
Pese al vendaval económico y político, el "rochismo" logró resucitar el proyecto en 1897, gracias a una alianza estratégica entre liberales modernistas y radicales. Contra las cuerdas, el gobernador Guillermo Udaondo (mitrista) se vio obligado a decretar, finalmente, la creación de la Universidad.
Pero el ataque cambió de frente: de los despachos pasó a los medios. En diciembre de 1897, el diario La Prensa —propiedad de José Clemente Paz, otro primo del General Roca— sentenció con dureza:
“La provincia no se encuentra en condiciones para sostener institutos de este género, cuya utilidad y necesidad no es imperiosa” (5).
Para sobrevivir a esta condena mediática y presupuestaria, la Universidad apeló al sacrificio extremo. Muchos de sus primeros docentes fueron los mismos líderes políticos que la impulsaban, hombres que aceptaron trabajar gratis (ad honorem) para que las aulas no cerraran. En esa lista de resistencia figuran nombres que hoy son leyenda: el Dr. Dardo Rocha, el ingeniero Pedro Benoit, el botánico Florentino Ameghino, el Dr. Jacob Larrain y el Ing. Luis Monteverde, entre otros próceres de nuestra identidad (3).
Por una caja de fierro
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| Dr Dardo Rocha |
La idea de una universidad platense fue muy bien recibida por los vecinos, pero los problemas económicos y políticos se volvieron crónicos. La situación alcanzó niveles de un ridículo doloroso cuando, en junio de 1897, el Rector Dardo Rocha debió concurrir a la Suprema Corte de Justicia para reclamar la devolución de “una caja de fierro existente en el Juzgado del Crimen a cargo del Dr. Lascano, que el Directorio del Banco Hipotecario tiene cedida a esta Universidad” (3).
La respuesta oficial fue una bofetada: la caja donada estaba siendo usada para guardar documentos vinculados a una causa de corrupción del Banco. El mensaje era claro: la Justicia y el Estado priorizaban un archivo antes que las necesidades básicas de la nueva casa de estudios.
El paso del tiempo no trajo alivio. El 3 de junio de 1898 se creó el “Centro Universitario” (3) como el primer espacio de lucha estudiantil, encabezado por Dalmiro Alsina, para enfrentar lo que se venía. El golpe fue seco: si en 1898 el presupuesto era de 88 mil pesos, para 1899 solo se asignaron 40 mil; menos de la mitad.
La reacción estudiantil no se hizo esperar e iniciaron un proceso judicial citando la Constitución Provincial, argumentando que la Universidad “una vez fundada no puede racionalmente ser ni suprimida ni privada de los medios necesarios para la subsistencia”. Pero la Corte, una vez más, eligió mirar para otro lado e ignoró el pedido apelando a tecnicismos burocráticos sobre la personería.
Ante el riesgo de una revolución social en las calles de la joven ciudad, el presupuesto de 1900 se elevó apenas a 60 mil pesos. Sin embargo, a la asfixia económica se le sumó un "corralito" profesional: la decisión federal de no validar los títulos emitidos. Los egresados platenses se convertían en profesionales "de frontera", habilitados para ejercer su vocación únicamente dentro del territorio bonaerense.
El Cierre y la Resistencia.
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| Facultad de Ingeniería |
Los ataques contra la Universidad Provincial no solo fueron constantes, sino que escalaron en una estrategia de demolición silenciosa. El golpe final pareció llegar el 7 de febrero de 1903, cuando se sancionó un presupuesto provincial (6) que escondía una trampa letal. En el Ítem 94, bajo el inocente título de “Becas”, se aclaraba que el beneficio era para los alumnos del Colegio Nacional y de la “extinta Universidad de esta ciudad”. Con una sola palabra, el poder político pretendía borrar décadas de sueños. Peor aún: el presupuesto solo cubría 80 becas de 30 pesos, cuando el ingreso anual ya superaba los 100 estudiantes.
Ante este atropello, la reacción popular fue un incendio espontáneo. Los estudiantes ganaron las calles y boicotearon la revalidación de materias con la UBA, negándose a aceptar el certificado de defunción de su casa de estudios. En los tribunales, el Consejo Superior —liderado por Dardo Rocha, Alsina, Rivarola y Sanz— inició una demanda constitucional histórica. El texto de la querella era un manifiesto contra el elitismo:
“Por manera que cuando la Constitución dice sostener la Universidad, la ley la extingue; cuando manda que la enseñanza sea accesible a todos, la reduce al favoritismo de unos pocos... traslada la dirección de la enseñanza de la universidad al Poder Legislativo y al Poder Ejecutivo; al primero que vota el número de becas y al segundo que las distribuirá”. (Causa Letra B 6021 - Año 1903).
La presión fue insoportable. El gobernador Marcelino Ugarte, aliado del roquismo, se vio obligado a retroceder y asignar nuevamente los 60.000 pesos anuales (7). Como contraste obsceno de la época, el propio gobernador percibía un salario anual que equivalía al 45% de todo el presupuesto universitario.
Finalmente, donde muchos solo veían una “carga fiscal”, el Dr. Joaquín V. González vio el futuro. Inspirado en el modelo experimental de Oxford, González impulsó la nacionalización de la UNLP. En sus propias palabras (2), la Universidad de La Plata era la posibilidad de crear una institución:
“moderna y experimental (…) que respondería a una necesidad evidente de todas las clases sociales de la nación y en particular, de las que miran a la prosperidad general, bajo su faz científica y económica (...)”
Un legado que no pudieron detener
El tiempo terminó dándole la razón a esos locos visionarios. Aquella universidad que quisieron extinguir por decreto es hoy la segunda más importante de Argentina y se ubica orgullosamente entre el 5% de las mejores universidades del mundo.
Hoy, cuando caminamos por el Bosque o entramos al Rectorado, lo hacemos sobre los cimientos de una resistencia que se negó a ser "extinta". El tiempo demostró que la UNLP no era un gasto, sino la inversión más brillante de la región.
De aquellas aulas que quisieron cerrar, surgieron mentes que cambiaron el mundo como: el Dr René Favaloro, el Dr Ernesto Sábato, el Ing Teófilo Tabanera y el Dr José Antonio Balseiro. Además entre sus aulas ocurrieron grandes hitos como el surgir de la Primera Radio Universitaria del Mundo, la primera carrera aeroespacial de Latinoamérica, novedosos desarrollos en energías renovables y hasta una vacuna contra el covid-19.
(2) Libro “Historia de las Universidades Argentinas” del Doctor en Historia Pablo Buchbinder.
(3) Artículo “La Universidad de La Plata: de Rocha a González. Documentos referidos a la Universidad Provincial de La Plata en el Archivo de la Suprema Corte de Justicia” del Abogado, Escribano y Profesor en Ciencias Jurídicas Roberto Daniel Núñez. Revista “Hilos Documentales” de la UNLP. Año 2019.
(4) Libro “La Universidad Nacional de La Plata en su Centenario 1897 – 1997” del Dr Fernando Enrique Barba y los Profesores Jorge Abel Iturmendi, Marcelo David Coll Cárdenas y María del Carmen Mamblona. Año 1998.
(5) Paper “Nota sobre los orígenes de la Universidad de La Plata” – Doctor en Historia Fernando Enrique Barba – Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Año 1972.
(6) Presupuesto de la Provincia de Buenos Aires para el año 1903 – Ley N°2818.
(7) Presupuesto de la Provincia de Buenos Aires para el año 1903 – Ley N°2821.
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