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Un Alma eternamente Fuerte

Visita La Plata | 23:17 |

A fines del siglo XIX era muy normal que un escritor o periodista use seudónimos. Pero muy pocas veces un alias fue tan preciso al momento de designar la vida y la personalidad de alguien. Marcado por la tragedia desde su nacimiento, forjado en el compromiso social, humillado por las oligarquías casi hasta su muerte; nadie pudo frenar a Don Pedro Palacios, uno de los mejores poetas y docentes que tuvo este país. Sin dudas un verdadero Alma Fuerte.

Fue un 13 de mayo de 1854 cuándo nació en San Justo el Profesor Pedro Bonifacio Palacios. Y tan pronto como vio la luz también comenzó su tragedia. Su madre falleció al muy poco tiempo. Su padre abandonó el hogar. Y completamente huérfano, en un país sumergido en la Guerra Civil, debió ser criado por sus parientes, quienes a su vez estaban sumergidos en una profunda pobreza. Esta condición determinó una infancia marcada por las limitaciones y las frustraciones que terminaron forjando un carácter y estilo contradictorio: el tormento y la esperanza, la soledad y el compromiso social, el romanticismo y el vanguardismo.
Con todas las dificultades del momento pudo acceder a la educación primaria, pero posteriormente fue rechazado cuándo pidió una beca para cursar Pintura en Europa. Esto lo llevó a incursionar como autodidacta en sus otras pasiones: la docencia y la escritura. Para muchos críticos del momento, él carecía de gracia y técnica; sus textos eran prosaico y solo basados en retórica. Pero sus detractores no notaron que Almafuerte estaba reescribiendo el rol de la poesía. No, no habla de cosas bellas ni le cantaba al amor. Él narraba sobre el dolor y la lucha, sobre las esperanzas que se desangran, el profundo grito por un mundo más humano y fraternal.


Sus letras muchas veces fueron la visibilización y exaltación de las clases humildes, a las que llamaba "la chusma de mis amores", oprimidas y despreciadas por los poderosos, pero a las que consideraba una raza futura de superhombres. Los poemas de Più Avanti constituyen una declaración de principios ante las adversidades con un tono profético y oscuro, pero excesivamente apasionado y humano.
Siendo aun adolescente comenzó a dar clases en escuelas rurales. Esto lo unió y sensibilizó aun más con la realidad social más profunda y oculta del país. Un camino en el cual cosechó grandes logros y pesados dolores.
Fue maestro en colegios de localidades como Balvanera, La Piedad, Mercedes y Salto. En paralelo también se dedicaba a escribir discursos, notas de opinión social y continuos reclamos para mejorar las condiciones materiales de los establecimientos. Pero estos casi siempre eran mal recibidas por los caudillos locales y terminaba siendo despedido o expulsado. La situación pareció cambiar durante su estancia en Chacabuco (1884), donde conoció al ex Presidente Domingo Faustino Sarmiento y lo apadrinó apadrinó. Tras rechazar un cargo político dentro del Ministerio, fue reivindicado como Director de Escuela.
La historia podría haber terminado aquí, pero sus adversarios no lo permitieron. En 1888 falleció su protector, y en 1890 el rochismo perdió las elecciones provinciales. Una vez más, víctima de los azares y rencores políticos, debió mudarse. Esta vez fue con destino a la ciudad de La Plata dónde vivió hasta sus últimos días. Aquí trabajó para los diarios "Buenos Aires" y "El Pueblo". Estos no fueron años fáciles para nadie, y menos para los platenses. El avance del Juarizmo sobre los Rochistas se reprodujo en las asfixias presupuestarias, la crisis económica de 1890, en el intento de convertir la región en un pueblo fantasma y en el surgimiento de las primeras revoluciones radicales, socialistas y anarquistas. Y si bien Almafuerte jamás tuvo una filiación partidaria, si era muy escuchado por estos nuevos sectores políticos vinculados a las clases medias y bajas. Sus fuertes palabras interpelaban la contradicción y la necesidad de ir a una lucha contra toda esperanza. Pero no armados con el odio y el rencor, sino con la humildad y la fraternidad.

    

En 1894 intentó retomar la docencia rural, la cual se había tornado en una pasión en su vida. Viajó hasta Trenque Lauquen, dónde fue bien recibido por la población y nombrado Director. Pero tristemente en 1896 un telegrama que lo cambió todo. Desde el Magisterio de la Provincia le enviaron la notificación de despido por no tener un Título Habilitante. Humillado y arrancado de su labor, cayó víctima de una profunda depresión. 
Volvió a la ciudad de La Plata, a su casa de avenida 66 entre 4 y 5. Aquí vivía con sus 5 hijos adoptivos, dictaba clases y cocinaba para los vecinos. Sumergido nuevamente en la pobreza, pasó su tiempo concentrándose en publicar su legado literario. En 1906 se editó “Lamentaciones”, en 1915 “Evangélicas” y en 1917 “Poesías Completas”. Entre sus poemas más famosos aparecen: “Piu Avanti”, “La Sombra de la Patria”, “El Misionero”, “Letanías Jesús”, “Mancha de Tinta” y “¿Flores a mí?”.

   

Luego de 20 años, el Congreso Nacional y el Presidente de la Nación Hipólito Irigoyen enmendaron los errores y los odios del pasado. Le entregaron el titulo de “Profesor”, una jubilación y aprobaron todos pliegos que había hecho para mejorar las condiciones de las escuelas rurales. Por si no fuera poco, luego de ser recibido por el Presidente, en la ciudad de La Plata lo esperó una comitiva provincial con un Gran Acto Público en Plaza Moreno para entregarle el diploma habilitante. Tristemente no pudo disfrutar de su consagración, pues falleció a los pocos meses. Exactamente el 28 de febrero de 1917.

Durante décadas trataron de callarlo, humillarlo, someterlo, comprarlo y/o borrarlo de la historia. Pero su legado en la educación y la literatura habían marcado la vida de miles de personas. Fue una reinvindicado por los Grupos Literarios de Boedo y Florida. En La Plata es considerado uno de los “Cinco Sabios”. Sus prosas se leen en los murales y se escuchan en las marchas. Incluso la banda de Heavy Metal Almafuerte lleva dicho nombre en su honor.
Además su casa fue conservada por los vecinos y amigos organizados bajo la “Agrupación Bases”. En 1945 fue transformada en Museo Municipal y en 1961 se la declaró “Monumento Histórico Nacional”. En su interior no se conservan grandes vitrinas con objetos de valor económico, pues su vida fue todo lo opuesto. Pedro Bonifacio siempre vivió de manera muy austera. En parte nunca pudo tener un gran salario, y lo poco que ganaba siempre lo destinaba al arte o a la caridad. Por eso mismo su historia se narra con fotos, documentos, textos y los mínimos objetos cotidianos de la época.


https://www.visitalaplata.com.ar/2019/12/ayudanos-crecer.html

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