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Masones, constructores de la ciudad

Damián | 13:40 | 0 comentarios

Hablar de la masonería es casi sinónimo de misterio, mitos, planes secretos y poder. Aunque en La Plata esto tomo un significado diferente, pues sus huellas están a simple vista, en los lugares más emblemáticos e incluso en nuestras más cotidianas costumbres.

La mayor parte de la población obviamente no son miembros de la sociedad francmasonería, o tal vez ni siquiera conocen su existencia. ¿Pero porqué es tan importante e influyente? ¿Porqué es casi imposible hablar de La Plata sin mencionarlos, bien o mal?

La organización habría surgido a fines del siglo XVII, cuándo comenzaron a tomar fuerzas las ideas racionalistas y la ilustración. Actualmente la masonería se autodefine como una “sociedad filantrópica, filosófica y progresista”; con los objetivos de la exhalación y perfeccionamiento de las altas virtudes humanas. 
En otras palabras; es una organización que piensa, reflexiona y trabaja por un continuo perfeccionamiento de ser humano-individuo y del bienestar de toda la sociedad mundial; todo bajo la comprensión de una continúa evolución guiada por la ciencia y la inmortalidad del alma.

La Fundación de la ciudad de La Plata marcó un antes y un después en la Argentina. Fue el final de una guerra civil, la división del poder, los primeros pasos en la multiculturalidad y el inicio de la modernización del sistema científico. Por ello no es de sorprender que sus fundadores y primeros habitantes hayan pertenecido a alguna logia masónica.


El ex-gobernador Juan José Dardo Rocha, el fundador de la ciudad, su padre lo inició en la Gran Logia Constancia N° 7 de Buenos Aires (1858). En primera persona presenció el sufrimiento de la guerra entre el Estado de Buenos Aires con la Confederación Argentina.  Años más tarde, en abril de 1863 presentó su histórica tesis doctoral que se resume bajo la idea de: “La ley federativa es la única compatible con la paz y la actual libertad del país”. Al año siguiente comenzó su brillante carrera política como diputado de la legislatura de Buenos Aires. Un largo camino que lo llevó a cumplir con uno de sus sueños, aunque no estuvo solo:

Pedro Benoit.
Construir una ciudad desde cero requiere mucho arquitectos e ingenieros de confianza; y Benoit es uno de esos nombres que se complementan a la perfección con el de Dardo Rocha. Su padre lo inició en la Gran Logia Consuelo del Infortunio N°3 de Buenos Aires. Su carrera profesional había comenzado en 1850 en el Departamento Topográfico. Fue la mente maestra detrás  de la canalización del riachuelo y línea férrea hasta Tolosa. Por el conocimiento del terreno, experiencia, capacidad y compromiso con la idea; se transformó en la mano derecha de Dardo Rocha y el hombre a cargo de todo el cuerpo de ingenieros. Su mano y mensaje se puede ver en muchas obras específicas, como en la Catedral, el trazado urbano y el mismísimo cementerio; este último es de gran importancia simbólica para la masonería.

Juan Martín Burgos.
El trazado urbano de la ciudad de La Plata representa a la perfección las ideas racionalistas e higienistas del momento, incluso se encuentra exhibido en uno de los museos de Washington, EEUU. Muchas veces se cree que el creador fue Pedro Benoit, quien seguramente dejo su marca, pero el principal ideólogo fue el arquitecto Burgos; quien había ingresado a la Gran Logia Confraternidad Argentina en octubre de 1875. El trazado es un documento doblemente valioso, por un lado plantea una visión urbana revolucionaria para la época (distribución, tránsito, geometría, diagonales). En otro sentido, es una prueba de la magnitud que pueden tomar los símbolos ocultos masónicos. Las diagonales de la ciudad forman el emblemático compás y escuadra de la masonería; entre otras iconografías. También se puede graficar un enorme rombo obtuso que unifica plazas que fueron bautizadas con los nombres de reconocidos masones.

Domingo Sarmiento.
Antes de 1882 el ex-Presidente y referente del gran proyecto educativo del país se oponía fervientemente a la idea de Dardo Rocha, pues creía que el lugar de emplazamiento debía ser la Isla Martín García (Argirópolis). Pero luego de su inicial rechazo se transformó en uno de los más acérrimo defensores. Su rol se centró principalmente en la educación. Impulsó la construcción del Colegio Normal I bajo la dirección de la norteamericana Mary Olstine Gram, quien había llegado al país para formar las primeras maestras del país.
Sarmiento ingresó en 1854 a la Gran Logia Unión Fraternal de Valparaíso (Chile), durante su exilio. Al año siguiente se sumó a la creación de la Logia Unión del Plata N°1 (Argentina). En 1860 habría recibido el Grado 33.

José Hernández y Joaquín V. González.
La ciudad de La Plata aun estaba en construcción, sus habitantes eran principalmente obreros de diferentes nacionalidades, pero ya existía la intención de que la nueva capital debía tener una universidad a la altura. En 1889 José Hernández encabezó el proyecto de ley para crear la Universidad Provincial de la Ciudad de La Plata. El autor del libro nacional, El Martín Fierro e ideólogo del nombre de la ciudad, en 1861 había ingresado a la Logia Asilo del Litoral N°18. 
Desde sus orígenes la Casa de Altos Estudios no pretendía solo expedir títulos, también sería un experimento para transformar el enfoque del conocimiento y la instrucción. Pero su baja popularidad frente a los gigantes de la UBA y la UNC llevó a que en 1905 sea nacionalizada bajo el tutelaje de Joaquín V Gonzáles. A diferencia de sus pares, surgió con una propuesta netamente científica, laica, arraigada en investigación del conocimiento y de cooperación con la sociedad. Gonzáles había ingresado a la Gran Logia Piedad y Unión N°34 (Córdoba) en 1881, con la firma de un reconocido Gran Maestre: Domingo Sarmiento.

Ameghino, Korn y Palacios
No solo la fundación de la ciudad de La Plata está marcada por la masonería, también su evolución y las generaciones que le siguieron. En 1942 socialista Alfredo Palacios encabezaba la Universidad Nacional de La Plata, y en homenaje al cumpleaños de la ciudad donó el monumento “Los Cinco Sabios”; dos de ellos fueron grande científicos y miembros activos de las logias.
El dr Alejandro Korn ingresó a la Logia Germania N°19 en junio de 1881. Fue el mayor impulsor de la colonia psiquiátrica de Melchor Romero, perfeccionó los sistemas educativos, incursionó en la filosofía y se transformó en un referente del movimiento estudiantil reformista que consolidó al país como potencia en educación superior.
En la histórica Logia La Plata N°80, fundada por Pedro Bonoit, entre muchos científico destacados figura Florentino Ameghino. Un autodidacta que principalmente se destacó en la paleontología, geología y zoología marcando las bases nacionales y sudamericanas. Su relevancia hizo que un cráter de la luna lleve su nombre. Mientras que en el ámbito local su tumba se encuentra en el epicentro del cementerio.
Por su parte, el histórico político que modernizó las legislaciones sociales y laborales del país, Alfredo Palacios, se había iniciado en la Gran Logia Libertad N°48 en el año 1901.


Resumir la historia, el vínculo y los personajes de la sociedad francmasónica con la ciudad de La Plata es un trabajo arduo, infinito y casi injusto porque muchas personas meritorias quedarían sin mencionar. Desde el arquitecto Ernet Meyer, una de las mentes maestras detrás de la Catedral, hasta Manuel Langehheim, creador de Sociedad de Beneficencia de La Plata y Decano de la Facultad de Agronomía-Veterinarias (Logia Unión del Plata, 1856) y Carlos Mauricio Schweitzer, fundador del Banco Constructor de La Plata (trenes y puertos). Y todo esto sin mencionar a los miles de obreros anónimos que también formaban partes de las logias y pusieron la fuerza humana para labrar, transportar y colocar cada ladrillo de la ciudad.

Las principales instituciones de la ciudad fueron ideadas, construidas y/o reformadas por miembros de las logias masónicas. El fácil tránsito por las calles de un rincón a otro de la ciudad es porque detrás existió una idea de comunicar y unir a la población. Si en los monumentos y esculturas prevalecen las figuras de la "libertad, democracia, república, trabajo, ciencia y familia", es posiblemente porque los fundadores de la ciudad creían en ello y debían transmitirlo para consolidar un proyecto. Incluso si muchas veces se adopta el seudónimo “Ciudad Universitaria”, “la Athenas de Sudamérica” o “Ciudad planificada”, no es solo por una aleatoria conexión entre la ciencia y la multiculturalidad.

Si la ciudad de La Plata tiene en su identidad palabras como: libertad, fraternidad, ciencia, educación e igualdad; tal vez no sea solo fruto del azar. Caso contrario debemos pensar que la conjunción de tantas personas, símbolos y creencias  de la francmasonería durante los primeros años de nuestra ciudad también fue una mera casualidad.




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